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Foto: @PSG_inside

Champions League

Luis Enrique convierte al PSG en leyenda

El PSG confirmó en Budapest que su reinado continental no fue una casualidad. El conjunto francés derrotó al Arsenal en la tanda de penaltis (4-3) después de un empate (1-1) tras 120 minutos de máxima exigencia y levantó su segunda Champions League consecutiva. Una final cerrada, táctica y mucho más igualada que la exhibición ofrecida hace un año ante el Inter, pero que volvió a terminar con el mismo campeón.

El Arsenal golpeó primero con un tanto de Kai Havertz en el minuto 6, aprovechando un balón suelto en el área para definir con calidad ante Safonov, pero el PSG volvió a demostrar una capacidad competitiva que ya forma parte de su identidad.

El equipo de Mikel Arteta planteó un encuentro muy incómodo para los parisinos. Compacto, agresivo en las ayudas y dispuesto a proteger su ventaja durante muchos minutos, el Arsenal consiguió reducir el impacto ofensivo de Dembélé, Kvaratskhelia y compañía. Sin embargo, el dominio territorial fue casi siempre del PSG, que monopolizó la posesión y terminó encontrando premio en el minuto 65. Una incursión de Kvaratskhelia acabó en penalti y Ousmane Dembélé transformó la pena máxima para devolver el equilibrio a la final.

A partir de ahí, el encuentro entró en una fase de resistencia física y mental. El Arsenal siguió defendiendo con orden, sostenido por el trabajo de Rice, Saliba y Gabriel, mientras el PSG insistía a través de Vitinha y de la movilidad constante de sus atacantes. Ninguno de los dos equipos encontró el gol decisivo ni en el tiempo reglamentario ni en una prórroga marcada por el desgaste y la tensión propia de una final de Champions.

La resolución llegó desde los once metros. Allí apareció la serenidad parisina. El PSG convirtió cuatro de sus cinco lanzamientos y terminó imponiéndose por 4-3 en la tanda después de los fallos decisivos del Arsenal. Beraldo transformó el quinto penalti definitivo y Gabriel Magalhaes erró su lanzamiento. Se desató la celebración francesa, mientras los londinenses volvían a quedarse a las puertas de la primera Copa de Europa de su historia.

Más allá del resultado, la noche vuelve a señalar a una figura por encima del resto: Luis Enrique. El técnico asturiano ha levantado dos Champions League en apenas doce meses y ha logrado algo que durante mucho tiempo pareció imposible en París: convertir al PSG en un campeón de Europa. No solo lo logró, lo repitió. Lo ha llevado a cabo, además, después de perder a dos de los grandes símbolos del proyecto como Kylian Mbappé y Lionel Messi. Cuando muchos imaginaron un equipo más débil, construyó uno mejor. Menos dependiente de las individualidades, más reconocible colectivamente y mucho más competitivo. La segunda Champions consecutiva no es solo otro título para el PSG; es la confirmación definitiva de la obra de Luis Enrique.

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