No habían pasado ni cuarenta segundos y Manuel Neuer ya estaba recogiendo el balón del fondo de la red. Fue un error de bulto, un pase regalado a Arda Güler que el turco no perdonó desde fuera del área con una facilidad pasmosa. Empezar así ante el Real Madrid suele ser una condena directa al desastre, pero este Bayern de Vincent Kompany tiene un pulso competitivo distinto. No hubo pánico. Pavlovic empató rápido en un córner donde Lunin dudó en la salida, y ahí arrancó un primer tiempo que nos recuerdan por qué amamos el fútbol. El Madrid de Arbeloa, letal al espacio, castigaba cada pérdida bávara con una velocidad punta que a Upamecano y Tah les costó horrores detectar a campo abierto.
Güler volvió a frotar la lámpara con una falta directa magistral donde Neuer estuvo lento de pies. Ese 1-2 obligó al Bayern a ser mucho más agresivo en la presión tras pérdida. Aquí emergió Harry Kane. El inglés demostró la letalidad de hacer un movimiento con lectura y marcó el segundo. Se descolgó constantemente a la zona de medios para sacar a Rüdiger de sitio y generar pasillos internos que Luis Díaz y Olise. Sin embargo, Mbappé puso el 2-3 antes del descanso tras un servicio de Vinícius.
Tras el descanso, el Bayern ajustó las vigilancias defensivas. Kimmich y Pavlovic cerraron los caminos centrales y el Madrid empezó a hundirse. Pero el punto de inflexión fue la desconexión mental de Camavinga. El francés entró para dar aire y acabó expulsado por dos amarillas evitables. Con un hombre menos, el Madrid se quedó sin salida y el Bayern olió la sangre.
Luis Díaz fue el nombre de la noche. Es la insistencia hecha futbolista. No dejó de percutir por la banda izquierda hasta que en el 89’ encontró el premio con un disparo que puso el 3-3. Con el bloque blanco ya roto, Olise cerró el 4-3 definitivo en el descuento. El Bayern está en semifinales porque gestionó el caos mejor que un Madrid que acabó desquiciado. Ahora espera el PSG, pero Múnich ya sabe lo que es tumbar al rey a base de fútbol y constancia. Al proyecto del Bayern le queda mucha guerra que dar.