No era el guión que los fans del Arsenal habrían escrito para una noche de Champions en el Emirates, pero el fútbol pocas veces se ajusta a los guiones. El 0-0 ante el Sporting de Lisboa fue más un ejercicio de supervivencia que una demostración de fútbol, pero el resultado sumó lo que tenía que sumar: el pase a las semifinales de la Champions League, donde el Arsenal repite presencia por segundo año consecutivo.
El partido fue lo que se podía esperar de una eliminatoria decidida en la ida. Arteta apostó por el control y la seguridad en el fondo, con Gabriel Magalhães como figura central en la zaga. El planteamiento era claro: cero riesgos, cero concesiones, y que el Sporting cargara con el peso de tener que remontar.
Los portugueses lo intentaron, pero chocaron una y otra vez con una defensa londinense bien ordenada y, en el momento más peligroso, con un poste. En el minuto 42, Geny Catamo recibió un balón en el área y remató con la pierna izquierda, pero el disparo se fue al palo. Fue la ocasión más clara del Sporting, y también el instante en que el Emirates contuvo la respiración.
No hubo más. La segunda parte fue un partido de posesión sin demasiada vocación ofensiva por parte de los locales, con alguna llegada esporádica de Gabriel Jesus que no llegó a cuajar y con un Sporting que se fue apagando con el paso de los minutos, consciente de que la eliminatoria ya no tenía vuelta.
El 0-0 final es el espejo de una noche sin brillo pero con resultado. El Arsenal llegó a esta eliminatoria envuelto en un mar de críticas, habiendo perdido la final de la Copa de la Liga, siendo eliminado de la FA Cup por el Southampton de segunda división y cayendo en casa ante el Bournemouth en Premier. Nada de eso importó en el Emirates.
La temporada pasada, los gunners llegaron hasta las mismas semifinales eliminando al Real Madrid en cuartos, antes de caer ante el PSG campeón. Este año repiten el hito, con menos brillo pero con el mismo destino. En la semifinal europea, se cruzarán con el Atlético de Madrid de Simeone. El adversario que más le complica la vida al fútbol engalonado. El que el Arsenal, con todo su talento y todas sus contradicciones, tendrá que superar si quiere seguir soñando con Budapest.