Llovía en Liverpool. Llovía con esa rabia húmeda y densa que hace que Anfield parezca todavía más imponente, más irracional, más capaz de lo imposible. Más de 40.000 hinchas ingleses se habían congregado en las gradas dispuestos a creer en otro milagro europeo, en otra de esas noches que la historia del club lleva tatuadas. No hubo milagro. Hubo fútbol, y en el fútbol de esta Champions, el PSG está en otro nivel.
El vigente campeón apagó la remontada del Liverpool con dos goles en el tramo final y avanzó a semifinales con un contundente 4-0 en el global. Lo hizo a su manera: sufriendo cuando tocó sufrir, aguantando la presión con jerarquía y castigando con la velocidad de Dembélé cuando el rival más lo necesitaba.
El primer tiempo fue un ejercicio de paciencia y tensión. El Liverpool empujó, buscó, intentó dar con la tecla, pero el bloque del PSG resistió sin demasiados sobresaltos. Safonov realizó varias intervenciones determinantes, y Marquinhos protagonizó una salvada monumental que evitó lo que habría sido el primer gol de la eliminatoria para los Reds. El partido estaba vivo, pero solo en la cabeza de los locales.
La segunda mitad trajo la ilusión más cruel de la noche. El colegiado señaló penalti por una falta de Willian Pacho sobre Mac Allister. Anfield estalló. El VAR revisó la jugada y dejó sin efecto la pena máxima. Un silencio denso cayó sobre el estadio, de esos que duelen más que un gol en contra. Y entonces llegó Dembélé.
El delantero francés, ganador del Balón de Oro, que había fallado varias ocasiones claras tanto en la ida como en la primera parte en Anfield, barrió todas las dudas con un disparo raso desde el borde del área en el minuto 72, imposible para Mamardashvili. Bradley Barcola desbordó por izquierda, tocó para Kvaratskhelia y el georgiano se la entregó al 10 para el segundo, ya en el tiempo añadido, que convirtió la eliminatoria en sentencia inapelable.
De las grandes noches europeas en Anfield, esta no será recordada. Hubo lluvia, hubo ruido, hubo fe. Pero el campeón no estaba para romanticismos. El PSG suma ya cinco victorias consecutivas frente a clubes ingleses en eliminatorias de Champions, una estadística que ya dice algo sobre la dimensión de lo que ha construido Luis Enrique en París. El equipo parisino aspira a convertirse en el segundo club de la era Champions en defender el título con éxito, hazaña que solo logró el Real Madrid. Con esta versión del PSG -sólida, letal, madura- la idea no parece descabellada.