Flushing Meadows saldó la deuda de Zverev. Un passing de revés lanzado casi a ciegas, con los pies a tres metros detrás de la línea de fondo y todo el cuerpo estirado hacia el rincón imposible, resume mejor que cualquier estadística la final que Alexander Zverev necesitaba ganar. El alemán se impuso a Ben Shelton por 6-3, 7-6(7-2), 5-7 y 6-2, en tres horas y veintidós minutos de tenis de altísimo voltaje, y con ese triunfo cerró una herida que llevaba abierta desde 2020, cuando en esta misma pista dejó escapar dos sets de ventaja ante Dominic Thiem en la final que más le ha dolido de toda su carrera.
El partido, disputado ante un Arthur Ashe entregado a las dos versiones más ambiciosas del tenis actual, tuvo su instante decisivo en el octavo juego del primer set. Con el marcador igualado a 30, Shelton apuntó su disparo hacia el rincón izquierdo convencido de haber ganado el punto, pero Zverev, completamente descolocado y ya sin opciones de llegar con comodidad, conectó un passing paralelo de revés que dejó al estadounidense clavado en el sitio, sin capacidad de reacción. Fue el punto que sostuvo el saque alemán, y también el que marcó el tono psicológico de toda la tarde: cada vez que Shelton amenazaba con imponer su potencia, Zverev respondía con el golpe más difícil posible.
El segundo set se resolvió en un tie-break que el alemán dominó con autoridad por 7-2, pero Shelton, lejos de venirse abajo, encontró en el tercer parcial la réplica que su público necesitaba, llevándose el set por 7-5 y forzando un cuarto acto decisivo. Fue entonces cuando la experiencia de Zverev, curtida en incontables batallas de Grand Slam, terminó imponiéndose con un contundente 6-2 que certificó el título.
Con esta victoria, Zverev conquista su segundo Grand Slam del año tras el título logrado en Roland Garros el pasado junio, y se convierte en el cuarto tenista de la historia en ganar sus dos primeras coronas mayores en una misma temporada, uniéndose a un grupo selecto que incluye a Jimmy Connors (1974), Guillermo Vilas (1977) y Jannik Sinner (2024). Para Shelton, la lectura es agridulce: su primera final de Grand Slam, después de haber roto la barrera histórica de disputar una semifinal cien por cien afroamericana ante Frances Tiafoe, se le escapa por márgenes mínimos ante un rival que, esta vez, no dejó nada al azar.
Seis años tardó Zverev en devolver el golpe que Nueva York le propinó en la pandemia. Este sábado, con la copa finalmente entre las manos, el alemán certificó que las heridas más profundas del tenis, a veces, también terminan cicatrizando con la forma exacta de un trofeo.