Un saque de 158 millas por hora (254 kms / hora), el más rápido jamás registrado en la historia de un Grand Slam, resume mejor que cualquier crónica lo que Ben Shelton necesitó para superar a su amigo y compatriota Frances Tiafoe en la semifinal más cargada de simbolismo de todo este US Open. El estadounidense se impuso por 4-6, 6-3, 6-3 y 7-5 en una noche que, más allá del resultado, quedará en los libros por una razón que trasciende el marcador: era la primera vez en la historia que dos hombres afroamericanos se enfrentaban en una semifinal de Grand Slam, y el ganador se convertiría en el primer estadounidense negro en llegar a una final del US Open desde que Arthur Ashe lo lograra en 1972.
El duelo, disputado ante un Arthur Ashe Stadium entregado por completo, arrancó con Tiafoe imponiendo su ritmo. El número 11 del ranking rompió el saque de su rival en el noveno juego del primer set y lo cerró con un turno en blanco, un golpe sobre la mesa que dejó a Shelton con catorce errores no forzados acumulados y con la obligación de reaccionar cuanto antes. La respuesta llegó apoyada en su arma más letal: el saque. Shelton empezó a castigar el revés de Tiafoe con su potencia habitual, forzando dobles faltas y desajustes en el primer servicio del de Maryland, hasta llevarse el segundo y el tercer set con una autoridad que ya apuntaba al desenlace.
El cuarto parcial, cargado de tensión, incluyó hasta una disputa arbitral por un punto detenido de forma irregular por Tiafoe, y varios intercambios de máxima exigencia física antes de que Shelton certificara la machada con un 7-5 que desató la locura en las gradas neoyorquinas. Los números confirman la superioridad final: veinte aces por apenas tres de su rival, y cuarenta y siete golpes ganadores frente a los veintisiete de Tiafoe.
Con esta victoria, Shelton se planta en su primera final de Grand Slam, garantiza además su ascenso hasta el número cuatro del ranking mundial, y se convierte en el hombre llamado a intentar romper una sequía de 23 años sin un campeón masculino estadounidense en un Grand Slam, la última vez que sucedió fue con Andy Roddick en este mismo torneo en 2003. El propio Shelton, visiblemente emocionado, dedicó la victoria a su abuela, a quien atribuyó el mérito de haber permitido que su padre y entrenador, Bryan Shelton, se acercara al tenis en primer lugar.
Este domingo, en la gran final, le espera Alexander Zverev, el único campeón de Grand Slam que queda en el cuadro. Será el sueño americano contra la experiencia europea, en un duelo que Nueva York entera espera con la ilusión de ver, por fin, coronarse a uno de los suyos.