Hay tormentas que asustan antes de empezar. El cielo se oscurece, el ambiente pesa, y se intuye lo inevitable. La etiqueta que le ha otorgado su gran estado de forma hacía presagiar que en el Bernabéu podía hacer mucho frío. Así fueron los primeros compases de la primera noche europea de este capítulo, poniéndose la maquinaria alemana a funcionar y haciendo temblar los cimientos de la profunda relación entre el Real Madrid y su competición fetiche. Presión, fluidez en su ataque y ese necesario punto de arrogancia para alimentar la convicción.
Quizá le condicionó la cautela para mostrar la mejor versión de todas sus piezas, sabiendo que, en algún momento, el Real Madrid apretaría su botón de peligro al espacio con la velocidad de sus atacantes. La falta de colmillo le impidió dejar la eliminatoria prácticamente sentenciada y en el bolsillo.
Sin goles no hay paraíso y estos no llegaron hasta rozar el descanso. Olió el Bayern las dudas y el error del rival, cazando un balón que acabó en las botas de Luis Díaz para borrar un marcador ilusorio y tomar su justa ventaja. Tras pasar por vestuarios, el Bayern siguió alimentando el guion. Harry Kane marcó el segundo, servido por un magnífico Michael Olise, quien fue el mejor argumento de Kompany. El extremo, con su incansable labor de atormentar a los blancos y crear contextos apacibles a los suyos, firmó una excelente actuación. Diabólico desborde, finísima capacidad para filtrar pases.
Sin embargo, en el cometido del Bayern de proteger la distancia que le aventajaba en la carrera a la semifinal se creció el Real Madrid con su inconfundible éxtasis para paliar sus escasas ideas y agarrarse al hilo de la esperanza. Palomitas, 40 disparos, 20 de cada equipo. La inexplicable Champions. Mbappé fue el único que pudo batir a un Manuel Neuer que, a sus 40 años, hizo apología contra el paso del tiempo. La edad es solo un número.
Así ganaba el Bayern al Real Madrid casi 14 años después. Aquella última vez, Sergio Ramos lanzó un penalti a las nubes y Schweinsteiger confirmó el billete bávaro a la final. Los de Vincent Kompany conocen la mística blanca. Y también saben lo que son capaces de provocar. La Champions no entiende de lógica, pero el Bayern ya ha avisado en Madrid. En Múnich, puede desatar la tormenta definitiva.