Se acabó la espera. Once años después, la cuenta atrás llegó a su fin. Ese reloj de arena que marcaba la ansiedad de una ciudad terminó de vaciarse: primero en colegios, luego en oficinas, también en las casas y en las calles de Bilbao. Desde la mañana, el himno ya se dejaba oír en radios, bares y altavoces, alimentando la ilusión de todo athleticzale. Y al caer la tarde, todos los caminos llevaron al mismo destino: San Mamés.
El himno de la Champions volvió a retumbar en la Catedral y fue imposible contener la emoción. Había quien lo grababa con el móvil, quien cerraba los ojos para sentirlo absorber cada nota, y hasta el señor de la bufanda deshilachada, siempre fiel a su asiento, reviviendo un sueño. El grito al terminar el himno fue indescriptible, como un rugido colectivo que sacudió los cimientos del estadio. Más que un grito, un “aquí estamos” lanzado al mundo. Y lo escuchó hasta el propio Arsenal, gigante de talento y talonario, sorprendido por la riqueza verdadera del Athletic: su gente. Lo admitió Arteta sin titubeos: “la atmósfera fue inspiradora”.
Los once de Valverde eran debutantes en Champions, chavales que crecieron soñando con esa música. Ninguno traía experiencia, solo el hambre de demostrar que con empuje y una identidad única también se desafía a los gigantes. Y por momentos lo lograron: el inicio fue un vendaval, un Athletic desatado que hizo temblar a un Arsenal incómodo. Pero ahí pesó la diferencia real: mientras los leones se vaciaban, el banquillo gunner soltó a Martinelli y Trossard, dos piezas de lujo que resolvieron el partido en un abrir y cerrar de ojos. Esa calidad que espera sentada fue lo que inclinó la balanza.
El 0-2, sin embargo, nunca fue derrota del todo. Porque lo que se llevó cada aficionado a casa anoche fue la certeza de haber vivido algo histórico. Que San Mamés sigue siendo único, incomparable, un lugar donde el fútbol adquiere otra dimensión. Que por encima de los millones, lo que queda es la comunión entre un equipo y un pueblo. Y que este Athletic no está aquí solo para emocionarse: como recordó Valverde, ha venido a competir.