Athletic
Robert Navarro | “En un mes estamos aquí de vuelta. Tengo muchas ganas de pretemporada y de hacer un buen año”
Robert Navarro no evita el balance. La temporada del Athletic no ha sido buena, o al menos no ha sido la que todos esperaban. Los objetivos no han llegado, el equipo no ha encontrado continuidad y en el vestuario también se ha sufrido. Pero su forma de contarlo no va por el lamento. Va por otro lado: por las ganas de volver.
“Ha pasado tan rápido que todavía no me ha dado tiempo a asimilarlo. Pero estoy con muchas ganas. En un mes estamos aquí de vuelta”
No hay mucho más teatro. El curso ha dolido, pero Navarro ya mira a la siguiente pretemporada. Y lo hace desde un sitio distinto al de hace un año: ya conoce el club, ya conoce el vestuario, ya ha sentido San Mamés y también ha demostrado que puede tener impacto.
En medio de un año irregular, Navarro ha sido una de las noticias estimulantes del Athletic. Ocho goles oficiales, segundo máximo goleador del equipo, máximo contribuyente desde el banquillo y jugador rojiblanco con mejor relación entre goles y disparos. Además, sus goles han estado por encima de lo que marcaba la calidad de sus ocasiones: ha hecho más de lo que, sobre el papel, se podía esperar de sus remates. No es solo puntería. También habla de elegir bien, de llegar a zonas buenas y de aprovechar minutos que muchas veces no son fáciles de jugar.
Su forma de explicarlo, sin embargo, no va por la vía del acierto. Habla más de adaptación, de entender qué pide cada partido y de aceptar que su sitio en el equipo también se construye desde ese punto. “Al final lo que queremos todos es ganar el partido. Poder ofrecer esas soluciones creo que es bueno para mí. Yo intento siempre aprovechar los minutos que me dan para hacerlo bien y ayudar al equipo a ganar”, resume.
En su caso, la palabra adaptación aparece muchas veces. No solo por el Athletic, sino por todo lo que viene antes. Navarro no ha llegado desde el camino más habitual del futbolista que crece desde niño en Lezama. Su recorrido ha pasado por el fútbol base navarro, Cádiz, Mónaco, la Real Sociedad, vestuarios distintos y formas diferentes de entender el juego. Quizá por eso tiene una manera particular de mirar lo que se ha encontrado en Bilbao. Lo aprecia desde dentro, pero todavía con algo de esa mirada de haber llegado nuevo a un sitio.
“Siempre desde fuera te hablan del Athletic como algo distinto, diferente. Siempre vi a Iñaki de pequeño como algo espectacular”
Antes de llegar, el Athletic ya tenía para él una imagen concreta. Iñaki Williams. Compartían representante y, cuando Robert estaba en Mónaco, recibió una camiseta suya. “Siempre desde fuera te hablan del Athletic como algo distinto, diferente. Siempre vi a Iñaki de pequeño como algo espectacular”, recuerda. La vida, dice, le ha llevado por distintos caminos. Ahora está en Bilbao. Y lo que antes era una camiseta guardada, una referencia vista desde fuera, ahora es un vestuario en el que ya convive cada día: “Yo he llegado aquí y no puedo estar más feliz”.

Dentro, lo que se ha encontrado es un grupo muy hecho. Muchos jugadores llevan años juntos, se conocen desde pequeños y comparten códigos que no se aprenden en dos días. Navarro llegó, observó y trató de entender antes de ocupar su sitio. “Al principio intenté ser más observador, ver el perfil de equipo, ver la familia que es y luego intentar adaptarme a cómo son ellos”, explica. Lo cuenta como parte del proceso.
“Cuando hay que reír se ríen, pero cuando están serios son los que te marcan, los que te dicen: esto no está bien, esto no se hace así”
En ese proceso, los capitanes han tenido peso. Iñaki Williams, Lekue, Yuri. “Cuando hay que reír se ríen, pero cuando están serios son los que te marcan, los que te dicen: esto no está bien, esto no se hace así”. Hay bastante Athletic en esa frase. Cercanía, sí. Buen ambiente, también. Pero no una comodidad. Más bien una forma de exigencia que sale de la confianza y del respeto a quienes llevan más tiempo marcando el camino.
Robert habla del Athletic como una familia: “Es el sentimiento de pertenencia de decir estoy con un colega, y al final luchas por él, luchas por ti, e intentamos dejarnos todo por el Athletic”. Ahí está quizá una de las claves de su adaptación. No se trata solo de caer bien o de encontrar buen ambiente. Sería más justo decir que se trata de entender que ese vínculo también te obliga. Que si el de al lado importa, correr por él tiene más relevancia y puede que suponga menos cansancio.
La ciudad también ha ayudado a acercarle a todo eso. “Vas por Bilbao centro o por cualquier sitio, la gente es increíble cómo te para, cómo te anima, siempre con buenos comentarios, con mucho respeto. Se nota que la gente lo vive muchísimo”. Para alguien que llega de fuera, ese contacto diario no es un detalle menor. Hay clubes que se sienten sobre todo en el estadio. El Athletic, en Bilbao, aparece también en la calle, en una frase de ánimo, con una afición que está a la altura.
«Para mí fue un día espectacular que recordaré toda mi vida. Ahí fue cuando noté el primer cariño de San Mamés”
El primer día en el que notó de verdad ese cariño llegó pronto. Primer partido de Liga, gol al Sevilla y San Mamés encima. “Es un recuerdo que me quedaré para siempre porque ahí dices: qué locura, cómo la gente está encima, cómo lo vive. Para mí fue un día espectacular que recordaré toda mi vida. Ahí fue cuando noté el primer cariño de San Mamés”. No hace falta estirar mucho más la escena. A veces un jugador empieza a entender un sitio en un momento de explosión emocional: marca, levanta la cabeza, escucha y también disfruta.

“Lleva un montón de años desde pequeño aquí, desde niño, y de repente conseguir todo lo que ha conseguido… No todo el mundo puede decir eso”
La Gabarra aparece en la conversación como una imagen que Robert ha ido entendiendo desde fuera hacia dentro. Primero, como una fiesta enorme en Bilbao. Después, a través de los que la vivieron dentro del vestuario. “Es algo único ver a tanta gente feliz por la misma causa”, dice. Y enseguida le sale un nombre: Lekue. “Lleva un montón de años desde pequeño aquí, desde niño, y de repente conseguir todo lo que ha conseguido… No todo el mundo puede decir eso”. Lo dice con admiración. Sabe que para alguien como Lekue aquello no era solo ganar, sino hacerlo en casa y con los suyos.
Pero Navarro no ha llegado al Athletic solo para entender lo que le rodea. También ha tenido que encontrar su sitio en el campo. Y no siempre desde el lugar más cómodo. Valverde le ha utilizado muchas veces partiendo desde banda, aunque su fútbol no se explica solo desde esa zona del terreno de juego. Puede recibir abierto, conducir hacia dentro, aparecer entre líneas o llegar a zona de remate. Su temporada ha tenido bastante de eso. De minutos que había que aprovechar rápido, de adaptarse a partidos que pedían una solución diferencial y de un rol que se ha ido construyendo desde su eficacia ofensiva.
“He tenido diferentes equipos, diferentes entrenadores, y me he tenido que adaptar por mi estilo de juego y por lo que me pedía el entrenador”, explica. “Creo que es algo bueno que tengo: poder jugar más pegado a banda e intentar buscar otro tipo de solución para mejorar y ayudar al equipo. Y otras veces he estado más por dentro, de mediapunta o de extremo partiendo hacia dentro para crear superioridad dentro y jugar con cuatro dentro y tener más balón”.
Ahí está una parte importante de lo que puede darle al Athletic, su versatilidad. Puede partir desde fuera, meterse por dentro, asociarse o aparecer cerca del área. En una temporada en la que al equipo le ha costado tener continuidad ofensiva, esa variedad ha tenido valor. Esto no es un indicador de que pueda solventar todos los problemas, pero sí de que puede ofrecer alternativas cuando el partido está atascado.
Por eso sus datos no deberían leerse solo como una cuestión de acierto. Si ha marcado por encima de lo esperado según la calidad de sus ocasiones, también tiene que ver con lo que ocurre antes del remate: mirar, perfilarse, elegir y llegar al sitio adecuado. Cuando se le pregunta por la toma de decisiones, Navarro habla de la repetición y la disciplina: “Si tú miras cien veces antes de recibir en los entrenos y desde que tienes 15 años o 10 años, luego te sale solo. Son mecanismos que hay que intentar hacerlos para que luego te salgan solos en el partido”.
En el fondo, esa frase explica bastante bien su temporada. Lo que parece instinto muchas veces es trabajo acumulado. Lo que parece solo puntería muchas veces requiere un análisis orientado a la lectura, a la orientación corporal, a saber si el rival salta o espera,a decidir si toca acelerar o guardar la pelota medio segundo más.

La adaptación también tiene una parte menos visible. La del futbolista que no sabe siempre cuánto va a jugar, qué lugar va a ocupar o cómo puede cambiar todo una lesión. Cuando se le pregunta por los miedos de la profesión, Navarro no intenta simplificarlo. “Hay muchos tipos de miedo y cada persona y cada jugador lo lleva de forma distinta”, responde.
Habla del jugador joven que quiere hacerse sitio, del que termina contrato después de un año difícil, del que se lesiona. “Yo creo que el jugador cuando más sufre es cuando está lesionado”. En una carrera que desde fuera muchas veces se mira solo desde el privilegio, también hay espera, incertidumbre y momentos en los que el futbolista se queda solo con sus dudas. Y es importante conocerlo para hacer una valoración.
Más adelante, cuando habla de lo que ha aprendido del club, Navarro no se queda solo en el vestuario. Menciona fisios, utilleros, prensa, marketing, nutrición, preparación física, descanso y datos. Pero lo primero que destaca son “los valores que hay en cada puesto”. Habla de sus compañeros y de todas las personas que sostienen el día a día del Athletic desde lugares menos visibles. “Creo que cada vez el club quiere ir a por más”, dice. Explica hacia dónde quiere crecer: más exigencia, más detalle y una estructura que acompañe al futbolista.

Periodista Deportiva | Amante de la pelota ⚽️ | Análisis de Datos y Táctico | 👩🏼💻
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