Durante mucho tiempo hubo partidos en los que el Athletic necesitaba correr más que el rival para demostrar que podía competir con él. El sábado ocurrió algo distinto. Corrió cuando quiso, esperó cuando tocaba y golpeó cuando olió miedo. El Atlético tuvo más balón, más remates y hasta dos disparos contra la madera. El Athletic ganó porque tuvo algo bastante más importante: la sensación de saber exactamente qué hacer con el partido.
Porque durante 45 minutos el encuentro incluso pudo pertenecer al Atlético. Kang-in Lee encontró el poste casi al empezar, Baena obligó a intervenir a Unai Simón y Barrios volvió a encontrarse con la madera antes del descanso. El Atlético terminó con un 61,6% de posesión y 15 remates frente a 11. Estadísticas suficientes para explicar muchas tardes. No esta.
Terzic mandó al Athletic de vuelta al césped y en tres minutos San Mamés se convirtió en una estampida. Iñaki disparó, Nico Williams apareció de cabeza en el 46′ y Robert Navarro culminó en el 48′ una transición de los hermanos Williams con uno de esos controles que parecen detener el tiempo justo antes de acelerarlo. Dos golpes prácticamente consecutivos. Simeone respondió haciendo cuatro cambios de una vez. A veces una sustitución cambia un partido; otras certifica que el partido ya te ha cambiado a ti.
Entraron Julián Álvarez y Cuti Romero —que debutaba—, entre otros, pero el Athletic ya había encontrado su territorio y su ecosistema propicio. Terzic modificó el dibujo, añadió un tercer central y convirtió la ventaja en una cuestión de paciencia. Unai Simón dejó su portería a cero y Sancet puso el 3-0 en el minuto 90. No fue un gol necesario. Precisamente por eso pareció importante.
La primera derrota liguera del Atlético llega además con una vieja sospecha adherida. Después de cuatro jornadas está ya a cinco puntos del Barcelona, tras haber cedido también un empate ante el Villarreal. La pasada temporada terminó cuarto con 69 puntos y demasiado lejos de la pelea por el campeonato. Septiembre acaba de empezar, pero ciertos fantasmas conocen perfectamente el camino de vuelta.
Para el Athletic, en cambio, la tarde dejó algo difícil de encerrar en una estadística. Fue la primera victoria de Edin Terzic en San Mamés como entrenador rojiblanco y llegó ante uno de los equipos construidos para discutir títulos. Con menos pelota. Sin necesitar dominar cada minuto. Sin pedir disculpas por replegar cuando convenía ni por correr cuando aparecía el espacio. Quizá esa sea la verdadera noticia.
El Athletic no derrotó al Atlético jugando como un equipo pequeño que consigue una noche grande. Lo hizo comportándose como quien empieza a sospechar que puede ser grande muchas noches.