Edin Terzić llegó a Bilbao con ambición, energía y una idea reconocible. Quiere un Athletic agresivo, capaz de ir hacia delante y convertir la recuperación en ataque. Pero sus tres últimos partidos han dejado algo incluso más interesante. Un entrenador dispuesto a adaptar el camino sin renunciar a lo que quiere construir.
En Balaídos encontró el escenario más cercano a su naturaleza. El Athletic fue a buscar al Celta arriba, condicionó su salida y convirtió la presión en su principal forma de atacar. Gerenabarrena sostuvo la estructura mientras Galarreta y Sancet saltaban hacia delante. Los rojiblancos recuperaron cerca del área y jugaron buena parte del encuentro en campo contrario. Fue el día en el que la idea y el contexto mejor se encontraron.
Ante el Atlético apareció una versión diferente. El equipo volvió a presionar, pero también supo bajar unos metros cuando el rival superaba la primera línea. No necesitó tener tanto el balón ni dominar mediante posesiones largas. Defendió junto, gestionó bien el timing para acelerar y castigó dos pérdidas con transiciones rápidas.
El Elche planteó un escenario diferente.. Cedió terreno, protegió su área y obligó al Athletic a construir con paciencia. Terzić explicó después que buscaban desplazar su línea defensiva moviendo el balón de un lado a otro. El problema fue que la circulación no siempre consiguió mover al rival. Faltaron recepciones entre líneas, intercambios de posición y movimientos que fijaran por dentro antes de atacar por fuera. El equipo acabó dependiendo demasiado del desborde de Nico Williams y tampoco atacó el primer palo con la agresividad necesaria.
Estos tres partidos hablan de un técnico ambicioso, y de uno que empieza a conocer los distintos registros que va a exigirle LaLiga.
Terzić ha encontrado respuestas diferentes para partidos diferentes. Ahora le toca ampliar el repertorio sin perder aquello que quiere hacer reconocible. Porque una idea también se construye aprendiendo a competir en partidos muy distintos.