El fútbol duele. Te lanza hasta las nubes y te empuja al abismo en un momento inesperado. El Barça estuvo a punto de hacer el check-in para embarcar hacia Múnich, pero en ese preciso momento se encontró con overbooking; más billetes que plazas hacia un destino donde no todos podían llegar. Un minuto maldito. El destino detiene el tiempo para jugártela y romperte el corazón en mil pedazos. Mientras los blaugranas buscaban otros vuelos en la prórroga, el Inter subió al avión.
Los de Flick sabían que no era pan comido. Igualdad de condiciones en el Giuseppe Meazza, una olla a presión de alta temperatura con una acústica que pretende engullirte. Sin embargo, el Barça firmó una de las mejores eliminatorias de la competición, especialmente con un Lamine Yamal que le plantó cara una y otra vez al ‘Biscione’ sin dejar de inventar posibilidades para envenenarle con su desequilibrio.
El Barça no entró en pánico, como tantas veces padeció en el pasado, ni siquiera con dos goles por debajo del marcador. Salió al segundo acto con ganas de comerse a cualquiera que se pusiera por delante. Remontó y, por un momento que se antojó definitivo, estuvo en la deseada final. En Europa, una palabra que hasta hace bien poco atormentaba todos los sueños blaugranas. Nadie podía vaticinar esto en verano. Que te quiten lo bailao.
La metamorfosis del Barça, con la firma de Hansi Flick, ha reforzado la creencia y el sentimiento de pertenencia en una temporada que ya va a ser inolvidable. Ayer el culer estaba nervioso e ilusionado antes del partido y tras él sintió esos instintos básicos primarios que definen nuestra existencia. Y ellos, los que lo dieron todo en el césped hasta el último aliento, mostraron su dolor. Es solo fútbol, dicen.
Podrán hacerse mil cavilaciones sobre esos detalles que lo cambiaron todo, pero, por encima de cualquier tipo de explicación, hoy el orgullo se pasea por las calles de Barcelona y la parroquia culer sabe que no tiene pecados que confesar. Que perder fuera siempre así, porque entre la victoria y la derrota hubo argumentos para volver a mirar al fútbol de otro modo. Es solamente un vacío que este equipo volverá a llenar. Al fin y al cabo, cuando algo duele es que estamos vivos.