Un cartel de final a inicios de octubre, partido de palomitas. A pesar de las bajas que presentaba en su reparto, se le esperaba con el mismo hype. Un encuentro entre Barça y PSG es ya una saga que nunca deja indiferente.
Lamine Yamal, con ganas de hacer travesuras, desató las primeras fantasías del encuentro. El espectáculo había empezado. Uno en que el Barça fue quien tomó la ventaja con un Ferran Torres dispuesto a defender su titularidad. Pero el foco quería llevárselo Nuno Mendes que, más allá de polémicas arbitrales, acabó siendo el hombre del partido. El futbolista portugués repartió gran dosis de su carácter defensivo y galopadas intratables para atacar el espacio. Con él nació el empate y cómo el PSG le dio la vuelta al encuentro. Uno que no podría explicarse sin el peligro de sus flechas en ambos laterales.
Bajo la batuta de Luis Enrique el PSG ejerció en un segundo acto como lo que es; el campeón de Europa. El enfant terrible imprimió su sello a un equipo que maneja a la perfección sus instrucciones. Su rebeldía terminó con todas las tristezas que reunía el club ante una competición que se le resistía. El PSG está en otro estatus. No solo por levantar la ansiada Champions League sino por su manera de hacerlo; algo que sigue prolongando.
Vacunó al Barça con sus pulmones, con la respuesta de todas las piezas ante un libreto inconfundible, causándole el dolor de un gol en el 90’. Precisamente dos de los cambios de su técnico fueron la amenaza y el veneno. Kang-In Lee avisó y Gonçalo Ramos confirmó el desenlace.
Luis Enrique ha pintado el jardín de las delicias en Can Barça. Estuvo presente en el Paraíso, la última vez que el conjunto blaugrana fue capaz de ganar al PSG en casa. Fue en 2017, cuando el Camp Nou presenció la gran remontada que pasó a los anales de la historia del fútbol con un gol de Sergi Roberto que definió la euforia en su máxima expresión. Imposible olvidar el gozo de excesos y pecados. Desde el otro lado, en un destino irremediable, Lucho ha impuesto un infierno y, cada vez que pisa Barcelona, enciende todas las llamas. Ya saben, su fútbol es placer y castigo.