El Real Madrid volvió a comprobar que el abismo con el Barça sigue siendo demasiado ancho cuando la Champions entra en escena. El 2-6 en el Alfredo Di Stéfano, en la ida de los cuartos de la UWCL, no fue solo una goleada: fue la confirmación de una superioridad que ya se ha convertido en costumbre. Las blancas resistieron lo que pudieron, pero el vendaval azulgrana volvió a desbordarlas desde el inicio.
El partido se rompió en apenas media hora. Ewa Pajor abrió el marcador en el minuto 6 mientras Esmee Brugts amplió la ventaja poco después del primer golpe. Irene Paredes puso el tercero antes del descanso, reflejo de un dominio incontestable en ambas áreas. El Barça no necesitó forzar la máquina: le bastó con imponer su ritmo y castigar cada desajuste defensivo del Madrid.
El equipo blanco, superado en el centro del campo y sin capacidad para sostener la posesión, encontró oxígeno únicamente en el talento individual. Linda Caicedo fue la gran rebelde de la noche con un doblete que evitó un marcador aún más duro y que, por momentos, insinuó una reacción que nunca llegó a consolidarse. Sin embargo, la sensación de inferioridad colectiva fue evidente: el Barça dominó balón, espacios y tiempos con una naturalidad aplastante.
Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió. El segundo tanto de Pajor, el gol de Vicky López y la sentencia final de Alexia Putellas terminaron de redondear una goleada que deja la eliminatoria prácticamente decidida. El 2-6 no solo acerca al Barça a semifinales, sino que vuelve a evidenciar que, a día de hoy, el Clásico europeo femenino tiene un claro dominador.
Porque más allá del marcador, lo que quedó fue una sensación repetida: el Real Madrid compite, pero el Barcelona impone. Y cuando las azulgranas aceleran, el partido deja de ser duelo para convertirse en monólogo.