Betis y Real Sociedad abrieron este viernes su Liga en el Estadio de La Cartuja. Victoria local ante un equipo donostiarra que compitió de tú a tú, que generó ocasiones claras para llevarse algo del feudo verdiblanco, y que se marchó de Sevilla con las manos vacías por pura cuestión de detalles, los mismos que separan a los que ganan de los que solo compiten.
El partido, disputado con ambos equipos ya con la temporada en marcha tras el retraso provocado por la participación de varios de sus futbolistas en el Mundial, arrancó con un guion equilibrado que se mantuvo durante más de una hora. Ni el Betis de Manuel Pellegrini ni la Real de Sergio Francisco lograban imponer su ritmo con claridad, en un duelo trabado en el que las ocasiones llegaban con cuentagotas y en el que ambos conjuntos parecían todavía en fase de reconocimiento tras un mercado veraniego que había cambiado sustancialmente ambas plantillas.
El desequilibrio llegó en el minuto 62, y tuvo mucho de causa-efecto. Un saque largo de Remiro que no ganó Jon Martín, un balón que llegó limpio hasta Antony y que el propio Jon Martín no logró cortar pese a tener opción para el despeje, y un centro medido del Cucho Hernández que Rodrigo Riquelme solo tuvo que empujar a la red. Un gol construido, más que por el acierto verdiblanco, por la acumulación de pequeños errores realistas en una misma jugada.
Lo más significativo, sin embargo, llegó justo después. En la jugada siguiente, un nuevo desajuste defensivo de Jon Martín estuvo a punto de costarle el segundo al Betis, con Isco definiendo con un disparo que Remiro logró desviar in extremis. A partir de ahí, la entrada de Mikel Oyarzabal cambió por completo el signo del encuentro: el capitán realista generó una doble ocasión en los palos, con Sucic estrellando un disparo en la madera apenas cinco minutos después del gol local, y sobre todo dejó completamente solo a Orri Óskarsson en una posición que un delantero de su categoría no puede perdonar. El islandés, sin embargo, no estuvo fino, y el empate que la Real merecía por lo generado nunca llegó.
El resultado deja una lectura incómoda para los donostiarras: no llegaron preparados como debían a este arranque liguero, con un mercado de fichajes que se ha quedado corto para alimentar tanto la ilusión como el nivel de un equipo que necesitaba refuerzos de garantías. Para el Betis, en cambio, un triunfo de mérito relativo pero de valor incalculable: la eficacia, una vez más, marcando la diferencia entre dos equipos que, sobre el césped, estuvieron mucho más cerca de lo que refleja el marcador.