Anoche, La Cerámica se volvió a llenar de esos escalofríos que solo la Champions puede provocar. El estadio se llenó de entusiasmo por presenciar un partido de gala. Especialmente para Marcelino, la noche tenía un doble significado. El destino quiso que el día de su debut en la competición coincidiera con su estreno como jugador en Europa League, también con el Villarreal. Pero ese día se juntó la ilusión extrema con el pertinente dolor a la pérdida de su padre. La vida, una casualidad, o no.
Lo que seguro que no es casual es el desempeño del equipo. El partido comenzó con el Villarreal enseñando carácter. Parejo y Comesaña manejaban la batuta, Pépé corría incansable y Mikautadze, como un rayo, encontró el camino del gol. La Juve, gigante y veterana, parecía insegura frente al ímpetu amarillo, desbordada por una presión alta que no esperaba. La Cerámica parecía respirar con el equipo. Cada contragolpe levantaba a los espectadores de sus asientos. La ilusionante vuelta de los groguets a la máxima competición europea no podía desprenderse de la afición. Tampoco el esperanzador arranque de temporada de los de Marcelino.
Pero la Champions es despiadada. En la segunda parte, Chico Conceiçao cambió el partido en segundos: la Juve aprovechó errores puntuales y se puso por delante. Parecía que la noche se escapaba, que el Submarino se hundía. Entonces apareció Renato Veiga, joven y decidido, para elevarse entre gigantes y cabecear el empate en el minuto 89. La Cerámica estalló, un rugido que reconocía esfuerzo, valentía y la capacidad de un equipo que apuesta por su estilo, por su talento y sus posibilidades. Y ponérselo en el centro de la atención es muy importante. Te otorga capacidades, te acerca a tus objetivos.
El Villarreal dejó claro que puede competir con cualquiera y que no se rinde ante los grandes. Marcelino se mostró emocionado, orgulloso de la entrega y la convicción de su equipo. Más que el punto la sensación positiva del regreso de la Champions a La Cerámica, con un Submarino amarillo que no parece temerle a nadie.