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Foto: Hugo Álvarez | Real Oviedo

Liga Hypermotion

Un lazo azul

La Real Academia Española tiene hasta 13 acepciones para definir la palabra lazo. La primera de ellas habla de “atadura o nudo de cintas o cosa semejante que sirve de adorno”, exactamente lo que yo llevo en mi muñeca derecha desde el 7 de junio. El motivo original es simple, ese pedazo de tela servía para diferenciar dos equipos en una serie de juegos durante un cumpleaños. Cosas del azar, a mí me tocó que fuera azul. Horas más tarde el Real Oviedo inició su andadura en el playoff de ascenso a Primera División contra el Almería. La victoria por 1-2 provocó una reacción en mi cerebro: ¿sería ese lazo una especie de amuleto?

Por miedo a gafar a mi equipo en su intento de alcanzar la élite después de 24 años, yo decidí mantenerlo en mi muñeca. Hoy, mientras escribo estas líneas, he decido quitármelo con el orgullo de sentir que el gesto de mantenerlo ha ayudado a mi equipo a subir igual que me ha ayudado a mí en los momentos más duros de estas eliminatorias. Cuando el Almería se puso por delante en el Tartiere, cuando el Mirandés marcó a los tres minutos de que empezara la final y, sobre todo, cuando el equipo de Miranda de Ebro silenció el Carlos Tartiere en la vuelta de la final yo recurría a ese lazo. Lo miraba, lo colocaba nervioso, me aferraba a él como si con esos gestos pudiera alterar el destino. Pero este ya estaba escrito, y el retorno del Oviedo a Primera División era inevitable.

Otra de las acepciones que la RAE aporta en la palabra lazo es aquella que lo define como una “unión o vínculo”, palabras que definen a la perfección lo que es y lo que siente la afición del Real Oviedo. Esa unión fue la que sirvió para que el club no desapareciera en los peores momentos, igual que la unión ha sido fundamental para conseguir el retorno a la máxima categoría. Asimismo, el vínculo que existe entre todos los aficionados carbayones estemos donde estemos es algo inexplicable.

Ayer domingo, con una resaca emocional tremenda que todavía arrastro y de la que no sé cuándo me desprenderé, tuve una carrera de 10 kilómetros por las calles de Madrid. Como no podía ser de otra manera decidí correrla con una camiseta azul, sin publicidad, con el logo de Joma desgastado y con el escudo bordado que cada vez está menos bordado. Fui incapaz de contar la cantidad de gritos refiriéndose a ese pedazo de tela que llevaba puesta. “¡Enhorabuena!”, “¡Vamos, Oviedo!” o “¡Hala Oviedo!” fueron algunos de los que escuché de manera más nítida. Pero lo más especial llegó cuando a lo lejos vi un hombre al que no conocía de nada, pero que llevaba puesta una camiseta del mismo color y con el mismo escudo que la mía. Cruzamos miradas y simplemente levantamos el puño y lo agitamos con fuerza. Eso es el Real Oviedo.

Es imposible definir con palabras la montaña rusa de emociones que sentí el sábado, sobre todo con el pitido final. Una mezcla de inmensa alegría y enorme liberación por haberlo conseguido después de tanto tiempo. A esas sensaciones se les une ahora una de vacío, de incertidumbre. Todo lo que venga ahora (igual que el final feliz del sábado) es algo nuevo. No sé qué va a pasar, qué voy a sentir. Es el inicio de una nueva historia. La historia anterior, la más bonita jamás contada, terminó el 21 de junio de 2025. Ahora solo queda recordar con orgullo lo que se ha vivido en estos 24 años. Esa unión y ese vínculo que se han creado durante todo este tiempo y que algunos quisieron matar. Ese lazo azul que se mantendrá vivo por siempre.

Estudiante de Periodismo. Amante de lo que estudio y del fútbol. Mis equipos, en riguroso orden. Real Oviedo, Arsenal, Roma, aunque tengo simpatía por otros muchos. Corazón oviedista para siempre.

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