El Dépor ya es equipo de Primera División ocho años después de su último descenso. El conjunto gallego certificó su regreso a la élite tras imponerse al Real Valladolid en Zorrilla (0-2), en una tarde cargada de simbolismo para uno de los históricos del fútbol español. Un doblete de Bil Nsongo, con goles en los minutos 10 y 33, selló un ascenso largamente esperado por una afición que acompañó al equipo incluso en los momentos más duros de su travesía por el fútbol no profesional.
La victoria del Dépor fue el reflejo de la temporada que ha construido el equipo de Antonio Hidalgo: orden, competitividad y convicción en los momentos decisivos. Lejos de dejarse llevar por la presión de una jornada definitiva, el conjunto coruñés salió con personalidad y resolvió el partido antes del descanso. Nsongo aprovechó dos acciones bien conducidas por Luismi Cruz para golpear a un Valladolid incapaz de frenar la energía y la verticalidad del cuadro gallego.
El ascenso tiene una dimensión que trasciende lo puramente deportivo. El Deportivo pasó ocho temporadas fuera de Primera, incluyendo cuatro campañas en Primera Federación, una caída difícil de imaginar hace apenas una década para un club campeón de Liga y habitual en competiciones europeas durante los años del llamado “EuroDépor”. En ese tiempo convivió con problemas económicos, reconstrucciones fallidas y varias decepciones en promociones de ascenso, hasta encontrar finalmente estabilidad institucional y deportiva.
La reconstrucción ha tenido nombres propios. La dirección encabezada por Fernando Soriano y el trabajo de Antonio Hidalgo devolvieron solidez a un proyecto que mezcló experiencia y talento joven. Futbolistas como Mario Soriano, Yeremay o Mella sostuvieron al equipo durante gran parte del curso, mientras que la irrupción de Nsongo terminó simbolizando el crecimiento competitivo del Dépor en el momento clave de la temporada. Todo ello acompañado por una masa social que nunca abandonó al club y convirtió cada partido en Riazor en una demostración de fidelidad.
El regreso del Deportivo supone también la recuperación de uno de los grandes nombres del fútbol español para la máxima categoría. Vuelve un campeón de Liga, vuelve un estadio histórico y vuelve una plaza con enorme peso emocional dentro del fútbol nacional. Ocho años después, el Dépor vuelve a Primera con la sensación de haber completado mucho más que un ascenso: una reconstrucción integral desde las cenizas.