El Málaga ya está a dos partidos de Primera División. El conjunto blanquiazul selló su clasificación para la final del playoff de ascenso tras empatar 1-1 con la UD Las Palmas en una Rosaleda entregada, haciendo valer el 0-1 conseguido en la ida en Gran Canaria para cerrar la eliminatoria con un global de 2-1. No fue una noche plácida para los de Juan Francisco Funes, obligados a gestionar la presión de una ventaja mínima ante un rival que demostró desde el primer minuto que no había viajado a la Costa del Sol para resignarse.
El partido comenzó de la peor manera posible para los locales. Apenas se habían acomodado los más de 30.000 espectadores cuando Jesé Rodríguez aprovechó un centro de Marvin para adelantar a Las Palmas en el minuto 3. El tanto igualaba la eliminatoria y llenaba de incertidumbre una noche que prometía emociones fuertes. El conjunto canario encontró además el escenario que buscaba: un Málaga incómodo, obligado a asumir la iniciativa y con dificultades para encontrar espacios ante un adversario ordenado y muy competitivo.
Durante buena parte del encuentro, el equipo andaluz tuvo el control territorial, pero le costó transformar ese dominio en ocasiones claras. Las Palmas administró su ventaja con inteligencia y amenazó al contragolpe cada vez que encontró metros para correr. Sin embargo, el Málaga no perdió la calma. El empuje de La Rosaleda y la convicción de un grupo que ha construido su identidad desde la resistencia mantuvieron vivo al conjunto blanquiazul en los momentos más delicados.
La eliminatoria cambió definitivamente en el minuto 69. Joaquín Muñoz apareció en el área para culminar una acción embarullada y firmar el 1-1 que devolvía la ventaja al Málaga. El gol desató a la grada y obligó a Las Palmas a buscar dos tantos para alcanzar la final. Los visitantes lo intentaron hasta el final, pero se encontraron con un rival cada vez más sólido y convencido de que el objetivo estaba al alcance de la mano.
Más allá del resultado, el encuentro confirmó una de las grandes virtudes del Málaga durante este tramo decisivo de la temporada: su capacidad para competir en escenarios de máxima exigencia. Supo golpear en la ida cuando tuvo su oportunidad y supo sufrir en la vuelta cuando el partido se puso cuesta arriba. Ahora le espera el Almería en la última eliminatoria, el último obstáculo antes de un posible regreso a Primera. La Rosaleda ya sueña despierta.