Wout van Aert es clase supra. El majestuoso ciclista belga llevaba días buscándolo y por fin lo logró. Son años de pura excelencia y se celebra cualquier éxito que tenga este hombre. Ciclista de época. El corredor de Visma se impuso este viernes en la decimotercera etapa de la Vuelta a España, 192,8 kilómetros entre Almuñécar y Loja, y lo hizo tras una jornada que resume mejor que cualquier otra su carácter: atacando en el primer puerto, sumando puntos de montaña, sobreviviendo a la criba de una fuga de 43 corredores y, finalmente, resolviendo al sprint frente al francés Valentin Paret-Peintre, como si el cansancio acumulado en las piernas fuera, para él, un simple detalle menor.
La jornada, fragmentada desde el Alto del Legionario y marcada por el calor sofocante de Andalucía y varias caídas que se llevaron por delante a corredores como Gregor Mühlberger o David de la Cruz, tuvo su punto de inflexión a falta de 3,5 kilómetros. Fue entonces cuando Van Aert, que llevaba toda la tarde trabajando en la sombra de su compañero Matthew Brennan —encargado de neutralizar cada amago de fuga rival dentro del grupo de cabeza—, decidió que había llegado su turno. Lanzó el ataque decisivo, solo Paret-Peintre pudo seguirle la rueda, y cuando el francés intentó sorprenderle abriendo el sprint bajo la flamme rouge, el belga respondió con una autoridad que ya define su carrera entera: potencia pura, sin fisuras, sin un ápice de duda.
Lo verdaderamente extraordinario del triunfo no está solo en el resultado, sino en el contexto que lo rodea. Van Aert llegaba a esta Vuelta como uno de los grandes favoritos al maillot verde, un objetivo que exige carreras completas, kilómetros de desgaste anónimo, trabajo de equipo constante que rara vez se traduce en titulares. Y sin embargo, en el momento exacto en que la carrera se lo permitió, encontró todavía la fuerza física y mental para transformar ese trabajo colectivo en una victoria individual, la cuarta de toda su trayectoria en la ronda española. Es la firma de los grandes: la capacidad de sostener el nivel de exigencia durante semanas enteras y, aun así, guardar en el depósito la gasolina suficiente para ganar cuando el cuerpo de cualquier otro ya habría dicho basta.
La general, mientras tanto, sigue firmando el mismo relato de esta Vuelta: Enric Mas defiende el maillot rojo con 1:45 de renta sobre Primož Roglič, ajeno al vendaval que se desató en la lucha por la etapa. Pero el verdadero protagonista de Loja tuvo nombre propio, y ese nombre certificó, una vez más, que la resiliencia de Wout van Aert no entiende de calendarios apretados ni de roles secundarios: cuando decide competir por sí mismo, sencillamente, no hay rival capaz de discutírselo.
Derrocha clase a raudales. Wout van Aert logra la victoria en la etapa de hoy en La Vuelta a España.
El majestuoso ciclista belga llevaba días buscándolo y por fin lo logra. Son años de pura excelencia y se celebra cualquier éxito que tenga este hombre. Ciclista de época. pic.twitter.com/cSApnW8bdn