Matasuegras, rompecabezas, gatillo; palabras que tratan de engañarnos. Ademola Olajade Alade Aylola Lookman no lo hizo; ni en apariencias ni discursos. Su debut no fue un bautismo silencioso y prudente. Camiseta nueva, piel usada. Su carta de presentación en La Cartuja fue como un huracán; devastador, intenso, destructor.
El nigeriano no hizo período de adaptación en su nueva escuela. Simeone, con la baja de Sorloth y la indisposición de Julián, le quitó el envoltorio a uno de esos fichajes del mercado de invierno que llegaron para restar frío. El domingo se bajó del avión, un par de entrenamientos y titular. Gol y asistencia en sus primeros 79 minutos y un impacto evidente en el equipo.
Con el nigeriano, el Cholo dispone de una pieza diferencial para completar el esquema. Un futbolista dispuesto a terminar la faena, que habita en la zona de finalización y de potencial físico para responder a la exigencia. Su capacidad para atacar espacios, su desequilibrio en el uno contra uno y su habilidad para romper defensas es oro para el conjunto rojiblanco. La amenaza es su modus operandi, el vértigo su traje favorito.
La final de la Europa League en la temporada 23-24 fue el escenario perfecto que le catapultó, pero el rendimiento de sus números en el presente curso distorsionan esa realidad. Lookman ya quiso salir de la Atalanta en verano y su relación con Bérgamo empezó a agrietarse en ese momento. La Copa África le permitió volver a coquetear con su mejor versión, entrando en el XI ideal del torneo.
Anoche, como un relámpago dentro de una tormenta perfectamente organizada, le llovieron los aplausos. Tantos que incluso algunos béticos reconocieron la magnitud de su actuación. Con ella, y con un marcador final aplastante, el Atlético alcanzó las semifinales de Copa en busca de un billete para una final a la que no asiste desde 2013. Mientras, el aficionado rojiblanco sonríe, aliviado y satisfecho, tras presenciar el mejor partido de la temporada; uno que Lookman rubricó. El de Wandsworth tuvo claro aquello que dijo Oscar Wilde: “No hay una segunda oportunidad para una primera impresión”.