El encuentro arrancó bajo la tensión habitual en Anfield, con el Liverpool presionando desde el principio, consciente de su necesidad de victoria para dar impulso a su temporada. Sin embargo, apenas transcurrió un par de minutos cuando el Manchester United sorprendió: un rápido contragolpe dirigido por Amad Diallo dejó a Bryan Mbeumo con un remate dentro del área para abrir el marcador. Los aficionados del Liverpool quedaron atónitos por la celeridad del tanto y la sensación de que su equipo no logró arrancar con la intensidad esperada.
El Liverpool respondió con una posesión dominante y varias ocasiones de peligro, pero le faltó precisión en el último tercio. Este dominio no se tradujo en goles hasta que Cody Gakpo, al minuto 78, cazó un balón vivo dentro del área para poner el empate. A partir de ahí, parecía que el partido pendía de un hilo, con el United resistiendo y el Liverpool buscando ese segundo tanto que les diera la ventaja. Pero lo que vino fue un golpe inesperado para los locales: en el minuto 84, Harry Maguire se elevó para cabecear una asistencia de Bruno Fernandes y sentenciar el logro de los red devils.
La victoria del United tiene un peso simbólico: pone fin a una larga racha sin ganar en Anfield, ya que su última victoria allí databa de enero de 2016. Por su parte, esta derrota agrava la crisis del Liverpool bajo la dirección de Arne Slot, que acumula cuatro derrotas seguidas en todas las competiciones, una dinámica que no vivía desde 2014. El United, en cambio, logra un respiro y una inyección de confianza: supo aprovechar el error rival, mantenerse compacto defensivamente y golpear en el momento justo.