En un El Sadar lleno de tensión y expectativa, Osasuna firmó una actuación volcánica ante el líder de la clasificación. Desde el inicio quedó claro que el cuadro local no se limitaría a defender, sino que buscaría presencia física y agresividad para frenar a un Real Madrid que, pese a dominar la posesión, mostró dificultad para generar ocasiones claras en los primeros compases. El equilibrio se rompió justo antes del descanso, cuando, tras una revisión del VAR, se señaló penalti a favor de Osasuna. Ante Budimir transformó la pena máxima para poner el 1-0 y desatar la euforia en Pamplona.
La segunda mitad arrancó con un Real Madrid más vertical en ataque, decidido a igualar cuanto antes y a recuperar la inercia que venía marcando su temporada. Esa necesidad de responder encontró premio en el minuto 73, cuando Vinicius, tras una combinación profunda, batió al portero rival para establecer el 1-1. El tanto del brasileño, verdugo habitual, parecía inclinar el ritmo del partido hacia los visitantes y poner de nuevo en jaque a la defensa osasunista, que había resistido con orden y solidaridad durante largos tramos del choque.
Sin embargo, el guion no estaba escrito. Con el marcador igualado y el Madrid volcado en busca del segundo tanto, Osasuna encontró su momento decisivo en el minuto 90, cuando Raúl García de Haro culminó una jugada feroz en el área para firmar el 2-1 definitivo. El tanto no solo desató la locura en las gradas, sino que castigó a los blancos que, pese a su dominio en estadísticas de posesión y volumen de juego, no logró traducir su control en una contundencia que hiciera verdadera justicia al desarrollo del partido.
Osasuna exhibió una fortaleza defensiva y un compromiso colectivo sobresalientes para frenar a uno de los ataques más potentes de la competición. Es la primera derrota de Álvaro Arbeloa en Liga. Su equipo evidenció carencias a la hora de perforar un bloque bien organizados y de gestionar los momentos calientes del encuentro. La derrota, además, supone un golpe en la lucha por el título, ya que deja al equipo blanco vulnerable ante el encuentro que debe disputar mañana el FC Barcelona.