El Stade Bollaert-Delelis llevaba 28 años esperando una noche así. La última vez que el RC Lens llegó a una final de la Copa de Francia fue en 1998, cuando el club vivía uno de los momentos más brillantes de su historia. Dos décadas y media después, el estadio del norte de Francia volvió a vibrar de esa manera especial que solo da el fútbol cuando hace justicia a la espera.
El partido empezó con intensidad desde los primeros compases. Una entrada dentro del área cometida por Pape Dembe derivó en un penalti que Florian Thauvin transformó en el minuto 9 para abrir el marcador. Nueve minutos después, Allan Saint-Maximin puso el 2-0 con un disparo ajustado al palo que dejó al portero sin opción, en una acción que resumió el estado de gracia de un equipo que lleva semanas demostrando que puede competir con cualquiera en Francia.
El Toulouse intentó reaccionar. El argentino Santiago Hidalgo aprovechó un error defensivo del Lens para poner el 2-1 en el minuto 21, dando vida a un partido que por momentos pareció que se iba a cerrar demasiado pronto. Pero el Lens no cedió. Antes del descanso, Matthieu Udol firmó el tercer gol tras un pase de Saud Abdulhamid, y en la segunda parte Adrien Thomasson sentenció con el cuarto para dejar el marcador en 4-1.
Al pitido final, los aficionados inundaron el terreno de juego en una celebración desenfrenada. 28 años de espera caben en muchas cosas: en los hijos que nacieron y no han visto al Lens en una final, en los padres que llevaron a sus críos al Bollaert y ya no están. El fútbol tiene esa capacidad de condensar el tiempo en un resultado.
El rival en la final saldrá del cruce entre el Estrasburgo y el Niza, y el partido definitivo se disputará el 23 de mayo en el Stade de France. El Lens ya tiene su billete. El norte de Francia sueña en grande.