La cita, en la Cartuja, arrancó bajo un cielo extraño para la noche sevillana: los verdiblancos esperaban imponer su fútbol, pero apenas tocó rodar el balón los anfitriones se encontraron con un zarpazo del Atlético. En el minuto 3, Giuliano Simeone cazó un balón suelto en el área, cargó la pierna izquierda y, de volea, lo colocó junto al poste abriendo el marcador con una frialdad sorprendente.
Ese golpe temprano condicionó todo el guion. El Betis vio cómo sus planes se desmoronaban ante un rival que sabía que podía convivir con la ventaja y que, de hecho, le convino dejar que el verdiblanco tuviese la posesión sin mordiente. Los minutos pasaron y el Betis intentaba dominar, acumulaba porcentaje de balón, pero sin claridad en el último tramo.
Cuando el descanso se acercaba, parecía que el Betis podía ir al vestuario con algo de aliento. Pero el golpe llegó de nuevo: en el último suspiro del primer acto, Álex Baena ejecutó un auténtico misil hacia la escuadra tras una transición rápida del Atlético, y dejó a los locales con la moral por los suelos. Era su primer gol con la elástica rojiblanca, a la vez que una puñalada para el Betis.
Con 0-2 al descanso, el Betis había gastado parte de su oxígeno emocional, y el Atlético se confirmó como equipo que cuando tiene ventaja, sabe cómo gestionarla.
En el segundo acto los locales subieron líneas, intentaron recuperar terreno, pero se estrellaron contra dos factores: un Atlético que sabía cuándo replegar y cuándo golpear, y su propia falta de acierto en el remate final. Hubo momentos de empuje del Betis, con disparos lejanos o centros sin rematador, incluso un disparo al travesaño de Abde Ezzalzouli que pudo cambiar algo.
Mientras tanto, el Atlético supo resistir, poco a poco cerrando espacios, desgastando y reconociendo que no era necesario arriesgar demasiado. El planteamiento de Simeone, que en la rueda de prensa calificó la victoria de “difícil pero importante”, queda claro.
Para el Betis, el partido deja dos lecturas: la primera, que su dominio de balón no basta sin remate; la segunda, que los golpes tempraneros pueden trastocar un plan incluso cuando el rival no te domina ampliamente. Como comentó su técnico Manuel Pellegrini, “el marcador no refleja lo que fue el partido”. Para el Atlético, más que el resultado, lo valioso es el momento: consigue fuera de casa lo que hasta ahora no había logrado: su primera victoria a domicilio de la temporada.