Durante ochenta y tres minutos, la Real Sociedad hizo exactamente lo que necesitaba hacer para tumbar al Atlético de Madrid: presionar arriba, no dejarle respirar, y convertir un partido de máxima exigencia física en un pulso donde el conjunto rojiblanco, con las bajas de Julián Álvarez y Pablo Barrios por problemas musculares, nunca llegó a encontrar su mejor versión. Y sin embargo, un solo instante bastó para que todo ese esfuerzo se desmoronara: una mano inoportuna de Job Ochieng dentro del área, sancionada como penalti por Martínez Munuera, abrió la puerta a un desenlace que terminó siendo una auténtica sentencia.
El partido, disputado en un Anoeta entregado hasta el último aliento, fue mucho más equilibrado de lo que refleja el 0-3 final. La Real llevó la iniciativa del balón durante largos tramos, sin que ese dominio se tradujera en ocasiones claras ante un Atlético que, con Ademola Lookman actuando de referencia solitaria en punta y una defensa de tres centrales, tampoco encontró el pulso del partido hasta bien entrada la segunda mitad. Kang-in Lee y Álex Baena, los grandes nombres propios del ataque colchonero, apenas dejaron destellos individuales en un choque trabado y de máxima tensión, mientras Diego Simeone observaba desde la banda cómo su equipo llegaba justo de argumentos ofensivos.
El desenlace, sin embargo, tuvo la firma inconfundible del banquillo. Simeone movió ficha en la segunda mitad dando entrada a Koke, Johnny Cardoso y Jonathan David, tres cambios que transformaron por completo el desarrollo del partido. Alejandro Grimaldo abrió el camino desde los once metros tras el penalti de Ochieng, y con una Real volcada al ataque, más con el corazón que con la cabeza, quedó completamente expuesta a la contra: Jonathan David amplió la ventaja poco después, y Giuliano Simeone cerró la goleada, completando en apenas once minutos un 0-3 que maquilla brutalmente lo ajustado que había sido el partido hasta ese momento.
El resultado tiene, además, una lectura de revancha: la Real Sociedad había derrotado al Atlético en la última final de Copa del Rey, resuelta en la tanda de penaltis tras un 2-2 en el tiempo reglamentario. Con este triunfo, el conjunto colchonero corta una racha de dos derrotas consecutivas —ante el Athletic en San Mamés y ante el Liverpool en Anfield—, certifica su primera victoria a domicilio del curso, y se coloca a solo cinco puntos del líder Barcelona. Para la Real, el golpe es doble: la sensación de haber merecido mucho más de lo que el marcador refleja, y la certeza de que, ante los grandes, los pequeños detalles siguen marcando una distancia que el esfuerzo colectivo, por sí solo, no basta para cerrar.