Osasuna aprovechó el viento favorable y la inercia de su victoria en Balaídos ante el Celta para ganar este lunes al Getafe. Un ajustado 1-0 resuelto justo en el filo del descanso. Un triunfo de esos que no necesitan adornos ni alardes porque se sostienen, simplemente, en la eficacia de saber aprovechar la única grieta que el partido estuvo dispuesto a ofrecer.
El duelo llegó cargado de un simbolismo particular: dos equipos que afrontaban la cita con la moral reforzada tras haber sumado en la jornada anterior, y con la ambición compartida de encadenar su segundo triunfo consecutivo del curso. Osasuna, que regresaba a El Sadar después de haber rubricado una remontada de mérito en Vigo —donde Iago Aspas había adelantado al Celta antes de que Kike Barja y el propio Ante Budimir dieran la vuelta al marcador—, salió decidido a hacer valer de nuevo el calor de su gente. El Getafe, con la moral igualmente alta tras certificar su billete europeo eliminando al Partizán de Belgrado en la previa continental, llegaba dispuesto a no dejarse intimidar por el ambiente navarro.
Lo que siguió fue un pulso de trincheras, más físico que estético, en el que ninguno de los dos conjuntos logró imponer con claridad su idea de juego durante buena parte de la primera mitad. El Osasuna de Ramis insistió por dentro, mordiendo cada pérdida con esa identidad combativa que ha convertido a El Sadar en un fortín incómodo para cualquier visitante, mientras que el Getafe de José Bordalás respondió con su libreto habitual: bloque compacto, físico y pocas concesiones. El partido, sin embargo, encontró su instante decisivo justo cuando el crono agotaba los primeros 45 minutos: una acción dentro del área azulona propició la señalización de un penalti que Ante Budimir, con la sangre fría de quien ya lleva años siendo el gran referente goleador rojillo, transformó sin fisuras para adelantar a los suyos justo antes del descanso.
La segunda mitad, sin apenas sobresaltos ni ocasiones claras para revertir el electrónico, se convirtió en un ejercicio de gestión por parte de un Osasuna que defendió con orden y sin apenas conceder espacios la mínima ventaja lograda. El Getafe lo intentó sin la contundencia necesaria, incapaz de encontrar el resquicio que necesitaba para llevarse algo de un Sadar que, una vez más, se erigió en aliado silencioso de los suyos.
Con este resultado, Osasuna escala hasta la cuarta posición de la tabla con siete puntos, certificando que su identidad de equipo incómodo sigue intacta al inicio de esta temporada 2026/27, mientras el Getafe se estanca en la decimotercera plaza con solo tres puntos, obligado ya a reaccionar antes de que el calendario se complique con la exigencia añadida de la doble competición europea.