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Álex Palou se hace leyenda y conquista su quinto título de IndyCar

Hay gestas que se miden en trofeos y hay gestas que se miden en el silencio que las precede. El de Álex Palou, esta madrugada en el óvalo de Milwaukee, fue un silencio muy concreto: el de un piloto de 29 años que, sentado ante los micrófonos tras asegurar matemáticamente su quinto título de IndyCar, simplemente no encontraba las palabras. «No puedo. Es muy duro. Es difícil de expresar con palabras», confesó, mientras a su lado Chip Ganassi y su estratega Barry Wanser observaban, también ellos, sin saber muy bien qué decir ante la enormidad de lo que acababan de presenciar juntos.

Porque lo de Palou ya no es una racha: es una dinastía construida en apenas seis temporadas. Terminó décimo en la segunda carrera del fin de semana, un resultado modesto en apariencia, pero suficiente para sellar una ventaja inalcanzable en la general. No hizo falta el drama de una última vuelta ni el brillo de una victoria más: bastó con la aritmética fría de quien lleva toda una temporada gestionando la perfección. Cuatro títulos consecutivos —2023, 2024, 2025 y ahora 2026— que igualan el récord que Sébastien Bourdais estableció hace casi veinte años, entre 2004 y 2007, y que nadie había vuelto a tocar desde entonces. Cinco coronas en total, cinco de los últimos seis años, en un deporte donde la excelencia sostenida suele ser la excepción y no la norma.

Los números, esta vez, hablan con una elocuencia que ninguna metáfora podría igualar: Palou es ya el pentacampeón más joven de la historia de la IndyCar, por delante de A.J. Foyt, que necesitó hasta los 32 años para llegar hasta ahí, y de Scott Dixon, que tardó 38. Y es, sobre todo, el piloto que más rápido ha alcanzado cinco títulos en toda la historia del automovilismo americano de monoplazas: seis años entre su primera corona y esta quinta, un periodo que pulveriza cualquier precedente conocido. Solo Foyt, con siete campeonatos, y Dixon, con seis, permanecen ya por delante de un catalán que empezó siendo promesa, después fue campeón, y ahora, sencillamente, es leyenda viva de una categoría que lleva un lustro rendida a sus pies.

Detrás de cada cifra hay, sin embargo, una historia más pequeña y más humana: la de un chico de Sant Antoni de Vilamajor que cruzó el Atlántico sin la garantía de nada, que se ganó un asiento en Chip Ganassi Racing a base de resultados, y que hoy, con la voz todavía temblando en la sala de prensa de Milwaukee, admite que ni él mismo termina de asimilar lo que ha construido. «Todo lo que le debo a este equipo», repitió, señalando a los hombres que lo han acompañado en cada una de estas cinco coronaciones.

Quedan Dixon y Foyt por delante. Pero a estas alturas, con Palou reescribiendo el libro de récords cada agosto, la pregunta que empieza a instalarse en el paddock ya no es si los alcanzará, sino cuánto tiempo más tardará en hacerlo.

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