El escenario estaba servido: en el imponente Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos de Santiago, Chile, Argentina sabía que llegar a su octava final —y aspirar a su séptimo título en esta categoría— era una oportunidad muy especial. Desde el silbato inicial, los albicelestes tomaron la iniciativa con su acostumbrada posesión y circulación, buscando imponer un juego de verticalidad moderada, combinada con la velocidad de anticipación de nombres como Mateo Silvetti o Gianluca Prestianni. Pero delante tenían a un rival que llegaba sin el peso de la historia, con más libertad y la convicción de que esta era su gran noche.
Y ese rival, Marruecos, no solo demostró que estaba a la altura, sino que fue contundente cuando tuvo la ocasión. En apenas el minuto 12, Yassir Zabiri se elevó con autoridad en un tiro libre que entró al primer palo de la portería argentina. Ese gol no solo desniveló el marcador, sino que modificó la dinámica del partido: Argentina se vio obligada a acelerar su juego, y Marruecos pudo plantarse con más seguridad. Y no tardó en repetir: en el minuto 29, un contragolpe arrancado por Othmane Maamma desembocó en un centro medido que Zabiri remató con potencia para firmar el 2‑0.
Tras el descanso, Argentina intentó rehacerse. El técnico Diego Placente movió el banco, buscó variantes ofensivas, incrementó los disparos desde media distancia y presionó con todos sus efectivos para generar algo de inquietud. Sin embargo, Marruecos había construido un bloque sólido, muy bien estructurado, con un doble pivote eficiente y una defensa que se cerraba sin concesiones. Los intentos argentinos —algunos tiros libres, cabezazos, remates forzados— chocaron una y otra vez contra un muro que apenas concedió fisuras. Y cuando Argentina parecía encontrar algo de ritmo, la referencia del marcador (2‑0) fue un efecto que pesó y ralentizó la ambición.
La conclusión es para la historia: Marruecos se consagra campeón mundial sub‑20 por primera vez al superar 2‑0 a Argentina, la selección más laureada en esta categoría con seis títulos. Además, se convierte en la primera nación árabe en lograr este trofeo y la segunda africana tras el logro de Ghana en 2009. Para Argentina, el golpe es duro: regresaban a una final después de 18 años.