El PSG sigue en una nube. Todo le sienta bien, sus días son siempre soleados y no hay quien le tosa. Su abrumadora superioridad hace que los rivales pierdan los papeles; hasta para que un equipo como el Real Madrid, no acostumbrado a vestir con este disfraz, cometa dos errores de bulto en tres minutos. Una desventaja que condicionó el encuentro pero que no fue el único ni el principal argumento para afirmar la aplastante victoria. Todas las estadísticas le sonrieron al equipo parisino. Los de Luis Enrique siguen imponiendo su gran nivel y arrasando con todo por donde pasan. París toma el café mirando hacia la calle, el espectáculo está servido. “Je vois la vie en rose”.
La zaga no se despeinó, la medular fabuló a su antojo y las piezas atacantes olieron la sangre sin atisbar la menor duda. La diferencia del punto en que se encuentran ambos equipos es una evidencia. Mientras Xabi Alonso todavía está guardando su equipaje en el armario y observando en qué perchas puede colocar mejor sus prendas, el equipo francés está en su máximo rendimiento, pletórico y confiado de saberse todas las lecciones de memoria ante cualquier examen que le plantee el fútbol. Abonado a las goleadas, le ha endosado cinco al Inter, cuatro al Atleti y al Real Madrid; y sin encajar.
Luis Enrique sabe que tiene un botón para encender una máquina, bien engrasada, que no falla. Ha cultivado este equipo con su mono de trabajo y una regla incuestionable: equipo, por delante de jugadores. Cero egos. Personalidad, hambre, certeza. En Nueva Jersey volvió a exponerlo. Fabián interpretando el juego y brillando en el tapete, Hakimi con libertad para explotar su versión más completa, Dembélé incansable en la presión, contribuyendo con sus movimientos e incontestable en su registro de picotazos. Vitinha, un creador de contenido; sus vídeos escribiendo poesía con la pelota viralizan y vuelven loco al algoritmo. Nadie puede perderse semejante recital. El domingo, más. Los carteles de favoritos son aborrecibles y el fútbol siempre puede tener escondida una caja de sorpresas, pero no sería realista no decir que este equipo huele a campeón. Otra vez.