La noche en Oklahoma City olía a cita grande y el Paycom Center respondió con el estruendo de las grandes ocasiones. El quinto partido de las Finales de la NBA se intuía decisivo y los Thunder no defraudaron: victoria por 120-109 ante unos Indiana Pacers que, por primera vez en estos playoffs, parecen haber perdido el pulso a la serie. El 3-2 deja a los de Mark Daigneault a un solo triunfo del anillo y a los aficionados soñando con una fiesta que lleva años gestándose.
Jalen Williams: el MVP inesperado
En una serie marcada por el protagonismo de Shai Gilgeous-Alexander, fue Jalen Williams quien firmó la noche de su vida. Cuarenta puntos, seis rebotes, cuatro asistencias y una sensación de imparable superioridad. Williams se adueñó del partido en los momentos calientes, cuando Indiana amagaba con otra de sus remontadas marca de la casa. Cada vez que los Pacers se acercaban, aparecía el alero de OKC para enfriar la reacción y devolver la calma a la grada.
No fue solo la estadística: fue la autoridad con la que Williams atacó el aro, castigó desde el perímetro y asumió galones en el cierre. Su exhibición le coloca en la historia de la franquicia, igualando a Russell Westbrook como único ‘thunder’ con 40 puntos o más en unas Finales.
Indiana: sin gasolina ni Haliburton
Si algo ha definido a estos Pacers es su capacidad para resucitar cuando nadie lo espera. Pero esta vez, la reacción se quedó a medio camino. La noche fue un suplicio para Tyrese Haliburton, lastrado por molestias físicas y completamente fuera de ritmo (0 de 6 en tiros de campo, solo 4 puntos desde la línea de libres). Sin su brújula, Indiana naufragó en pérdidas (22 en total) y solo la inspiración puntual de Siakam (28 puntos) y McConnell evitó un desastre mayor.
El equipo de Rick Carlisle, por primera vez en toda la postemporada, se ve por detrás en una eliminatoria. Y la sensación es que la gasolina escasea, las piernas pesan y la cabeza empieza a dudar.
El valor del quinto partido
La estadística es demoledora: en el 74,2% de las Finales empatadas 2-2, quien gana el quinto partido acaba levantando el trofeo. Oklahoma lo sabe y celebró como merece una victoria que vale oro. La diferencia se fraguó en una primera parte brillante (llegaron a ganar de 18), pero también en la madurez para resistir el empuje rival en la segunda mitad, sin perder nunca la compostura.
Ahora la serie viaja a Indianápolis, donde los Pacers buscarán el milagro y los Thunder la sentencia. Si algo han demostrado estos playoffs es que las certezas duran poco, pero esta vez el viento sopla con fuerza a favor de los Thunder. La tormenta perfecta está a un solo paso de estallar.