Volvió Kang-In Lee y el Málaga a nuestra Liga. Cada uno a su manera. Después de 3.014 días —ocho años exactos de travesía por el infrafútbol español, de Segunda B a Primera Federación, de sanciones administrativas a la reconstrucción total de un club histórico—, el conjunto andaluz regresó a la máxima categoría con una imagen que desmiente cualquier complejo: competitivo, bien plantado, y cerca de haber puntuado en el Metropolitano ante un Atlético que -sin Julián Álvarez ni Alexander Sorloth- tuvo que esperar hasta la segunda mitad para resolver el partido.
El inicio, de hecho, tuvo firma malaguista. En el minuto 13, una cabalgada de Carlos Puga terminó en un centro raso que David Larrubia no logró definir con la puntería necesaria, el primer aviso serio de una tarde en la que los boquerones —con Einar Galilea sosteniendo el bloque defensivo— plantaron cara sin ningún tipo de vértigo ante un rival de otra categoría presupuestaria. El Atlético, con Diego Simeone presentando parte del nuevo proyecto veraniego desde el once inicial, respondió con oleadas de peligro que, sin embargo, se estrellaron una y otra vez contra el orden defensivo visitante y ante un providencial Herrero, que le negó el gol a un inspirado Lookman con una gran parada.
El partido se resolvió, como tantas veces bajo el mando del Cholo Simeone, con los cambios. En el 57′, entraron al terreno de juego dos de los fichajes más esperados del verano: Kang-in Lee, procedente del PSG, y Álex Baena, campeón del mundo con España este verano. La inyección de frescura fue determinante. El surcoreano abrió la lata en el 70′ con un zurdazo ajustado y quirúrgico que certificó su debut soñado con la camiseta rojiblanca, y Baena, que ya venía dejando destellos de calidad con sus saques de esquina, sentenció en el 85′ con una falta directa de manual, clavada en la escuadra tras forzar él mismo la infracción. Un doblete de fichajes veraniegos para cerrar un partido que, hasta ese momento, se había resistido más de lo previsto.
El añadido se viol el último acorde con un Ademola Lookman que, esta vez sin oposición de Herrero, no logró resolver una ocasión clara al esprint, un fallo que resume una noche en la que la efectividad, más que el dominio, marcó la diferencia entre dos equipos que compitieron en planos y pegadas distintas. Simeone buscaba contener en el primer acto y resolver en el segundo. Le salió lo que buscaba.
Para el Atlético, tres puntos y la confirmación de que sus fichajes de verano llegan con el gol incorporado. Para el Málaga, la sensación de que este regreso a Primera, con cerca de 2.000 aficionados desplazados hasta Madrid en un ambiente festivo pese a la derrota, se afronta con las garantías competitivas necesarias para un lugar duro como es la élite del fútbol español. La machada no llegó, pero el aviso está dado.