Hay victorias que se ganan en la meta y victorias que se construyen desde la distancia, desde la audacia, desde una superioridad tan brutal que convierte la carrera en monólogo antes de que nadie haya podido decir nada. Tadej Pogačar eligió el Monte Sante Marie para hacer su declaración, como casi siempre, y con 78 kilómetros todavía por delante atacó sin mirar atrás. Paul Seixas, el prodigio francés de 19 años, intentó cerrar la brecha con una respuesta que fue lo más cercano a una resistencia heroica que pudo ofrecer el pelotón. Duró segundos. Pogačar aceleró una vez más y el mundo del ciclismo se quedó otra vez contemplando su estela, preguntándose de qué galaxia ha venido este ser.
Lo que vino después fue una cabalgada de otro planeta, literalmente. Setenta y ocho kilómetros en solitario por el sterrato toscano, con el polvo blanco levantándose a cada pedalada y la brecha creciendo con una frialdad mecánica que resulta casi irreal. Mientras detrás se organizaba un caos táctico entre perseguidores que atacaban entre sí en lugar de perseguirle a él, Pogačar rodaba hacia Siena con la serenidad de un ser que no comprende el sufrimiento de la misma forma que los demás. Los científicos estudian la fisiología humana; alguien debería estudiar la suya. Cruzó la línea con una velocidad media récord de 42,7 km/h, suficiente para inscribirse definitivamente en la historia: cuatro victorias en la Strade Bianche, más que nadie jamás, superando a la locomotora suiza Fabian Cancellara.
En la icónica Piazza del Campo, el templo donde termina esta Strade Bianche de innegable superioridad estética, Pogačar bajó de la bicicleta, alzó el puño y se inclinó. No era pose, era agradecimiento sincero a una carrera que parece hecha para él y que él parece haber hecho suya para siempre. El sector de Colle Pinzuto ya lleva su nombre. La historia del ciclismo moderno también. A sus 27 años, en su primera carrera de la temporada, el extraterrestre de Komenda (Eslovenia) volvió a aterrizar en el corazón de la Toscana para recordarnos que compartimos deporte con él, pero no especie.
Papá de Miranda. Orgulloso hijo de gallego y asturiana. Dejé 13 años como abogado por fundar y dirigir Sphera Sports, con lo que ello supone. Asumo las consecuencias. Hice 'mili' en Pisa y en Bristol. Me gustan las orcas, los países escandinavos y un gol en el 90'.