El Sevilla dio un paso prácticamente definitivo hacia la permanencia tras imponerse por 2-3 al Villarreal en La Cerámica. El conjunto de Luis García Plaza firmó una remontada de enorme valor emocional y competitivo para enlazar su tercera victoria consecutiva, una reacción que ha cambiado radicalmente el estado de ánimo del sevillismo. Hace apenas unas semanas, el equipo vivía instalado en el miedo al descenso; ahora, afronta el final de temporada con cuatro puntos de margen sobre la zona roja y la sensación de haber reaccionado a tiempo.
El encuentro comenzó cuesta arriba para el Sevilla. El Villarreal golpeó muy pronto, primero con un tanto de Gerard Moreno en el minuto 13 tras una acción bien elaborada en la frontal y después con el 2-0 de Georges Mikautadze en el 20’, aprovechando una transición rápida que desordenó a la defensa visitante. El conjunto amarillo, ya clasificado para la próxima Champions, jugaba con soltura y parecía tener el partido controlado, mientras el Sevilla volvía a transmitir la fragilidad de tantas fases de esta temporada.
Sin embargo, el equipo andaluz reaccionó antes del descanso. Oso recortó distancias en el minuto 35 con una gran acción individual que devolvió energía al Sevilla, y ya en el añadido del primer tiempo, Kike Salas firmó el 2-2 con una volea potente tras una jugada colectiva perfectamente interpretada. En apenas diez minutos, el partido cambió completamente de escenario y el Sevilla encontró algo que llevaba tiempo buscando: confianza competitiva en medio de la presión.
La remontada se completó en el minuto 72. Akor Adams culminó una rápida transición ofensiva para establecer el 2-3 definitivo y silenciar La Cerámica. El Sevilla supo resistir en el tramo final, defendiendo con orden y competitividad un resultado que puede valer media permanencia. Con 43 puntos y dos jornadas todavía por disputarse, el descenso queda ahora a cuatro puntos. La salvación aún no es matemática, pero el equipo de Luis García Plaza ha conseguido algo fundamental en este tramo decisivo: depender de sí mismo y devolverle al sevillismo la convicción de que seguirá en Primera División.