La noche de Indianápolis fue una fiesta inesperada, un grito de resistencia y orgullo que retumbó en cada rincón del Gainbridge Fieldhouse. Los Pacers, al borde del abismo y con la soga al cuello, no solo sobrevivieron: arrollaron a los Thunder por 108-91 y convirtieron las Finales de la NBA en una cita con la historia. Habrá séptimo partido, y el sueño de Indiana sigue vivo.
Un segundo cuarto demoledor y la rebelión de los secundarios
El partido arrancó con tensión, pero pronto Indiana encontró el ritmo. Tras un primer cuarto parejo, los Pacers desataron un vendaval en el segundo: parcial de 36-17, triples encadenados y una defensa que asfixió a Shai Gilgeous-Alexander y compañía. Los Thunder, que llegaban con la oportunidad de coronarse campeones por primera vez en su historia bajo su actual nomenclatura, se vieron superados en todas las facetas del juego: perdió 21 balones y nunca encontró respuesta ante la intensidad local.
Obi Toppin fue el héroe inesperado con 20 puntos saliendo desde el banquillo, mientras Andrew Nembhard y Pascal Siakam sumaban 17 y 16 respectivamente. Tyrese Haliburton, tocado físicamente, aportó 14 puntos y 5 asistencias en apenas 23 minutos, lo justo para liderar y reservar energías para el todo o nada en Oklahoma.
El peso de la presión
OKC, que llegaba lanzado tras dos victorias consecutivas, se desmoronó ante la presión y la atmósfera hostil. Gilgeous-Alexander fue el máximo anotador visitante con 21 puntos, pero nunca pudo imponer su ley, lastrado por las pérdidas y la falta de acierto exterior (24% en triples). Jalen Williams, candidato a MVP de las Finales, se quedó en 16 puntos y fue incapaz de encender la chispa que necesitaban los suyos.
La frase de Haliburton y el mensaje de los Pacers
Al final, Haliburton resumió el sentir del vestuario: “No queríamos verlos celebrar en nuestra cancha. Con la espalda contra la pared, respondimos. Fue un esfuerzo de todo el equipo. Ahora es una serie de un solo partido, y tenemos fe en este grupo”
El sexto partido fue una reivindicación de los Pacers y una advertencia para los Thunder: nadie se corona campeón sin sufrir. En la madrugada del domingo al lunes, en Oklahoma, el baloncesto tendrá su último acto. Indiana llega con el viento a favor y la moral por las nubes. El séptimo partido ya no es solo una final: es una batalla por la eternidad.