Zeus, Poseidón, Atenea, Hera, Afrodita o Iago Aspas. El de Moaña se disfrazó de Dios griego para abrir las puertas de un templo al que habían echado el cerrojo desde hacía un año. Nadie ganaba en el Toumba Stadium desde que lo hiciera el Steaua de Bucarest, en esta misma competición, en febrero del año pasado. Desde entonces, los de Lucescu conservaban una racha invicta que el Celta rompió anoche con un primer acto para el recuerdo.
El orgullo celeste se respiraba antes de que iniciara el encuentro. El club tuvo un gesto para recordar a los siete aficionados del conjunto heleno que fallecieron en un accidente de tráfico cuando viajaban rumbo a Francia para alentar a su equipo ante el Olympique de Lyon. Marián Mouriño portó una corona de flores como muestra de respeto. Una acción aplaudida que reforzaba la autoestima de un Celta que marcó la diferencia desde el primer instante.
Giráldez era conocedor de las bajas que traía el equipo griego y de las grietas que abrían las mismas, así como de la importancia del encuentro en territorio hostil. Dotó a los suyos de confianza para romper el muro y llevarse el premio a casa. No se sintieron amedrentados ante los primeros compases de los locales y reforzaron su amor propio.
Iago Aspas, acompañado por un fabuloso Miguel Román, lideró una primera parte que encaró la eliminatoria. Se guardó el DNI, desplegando un fútbol jovial y rozagante. Pura clase para ofrecer otra noche mágica y seguir escribiendo una historia de la que es un claro protagonista. Gol para abrir la lata y asistencia a Williot Swedberg.
Tras pasar por los vestuarios, el PAOK buscó la reacción y, a través de Jeremejeff, halló la manera de recortar distancias. Quisieron los de Salónica agarrarse a su extensa racha; buscar el empate que garantizara la igualdad y no destruyera la fortaleza de su hogar, pero Giráldez llevo a cabo las pertinentes correcciones para salvaguardar el resultado favorable. Con la victoria de los gallegos por una pequeña pero valiosa ventaja, la eliminatoria queda abierta en Balaídos. La sensación para el Celta como conclusión es la de regresar de Grecia sabiéndose superior en un escenario diabólico.
El fútbol perenne del diez del Celta volvió a ser el factor que declinó la balanza. El capitán que prometió volver a Europa y cumplió, alargando su leyenda, regalando más dosis de euforia celtista para una preciada colección. Desafiando el paso del tiempo, sigue repartiendo las cartas de un juego del que se sabe todas las normas y todos sus trucos. En los partidos vitales, siempre aparece. Como si fuera sencillo, como si pudiera apagar de un soplido todas las llamas de un infierno. Infinito, inmortal, eterno. Iago Aspas Juncal.