Cuando la grada aún vibraba por el empate loco de la ida en Bélgica, el Metropolitano se transformó en una olla a presión desde el pitido inicial. El Atlético sabía que, para evitar dramas, necesitaba imponerse ante un Brujas agresivo y sin complejos. Y vaya si lo hizo. El noruego Alexander Sorloth rompió la igualdad con un zambombazo en el minuto 23, aprovechando un balón largo de Oblak y anticipándose a la defensa belga con una definición que encendió a la afición colchonera.
Pese al tempranero gol, el Brujas no se arrugó. Al filo del descanso, el central Joel Ordóñez cabeceó al fondo de la red para devolver las espadas al mismo nivel y mantener el nerviosismo en el Metropolitano. Era un recordatorio de que esta eliminatoria había sido un toma y daca constante. El gol visitante obligó al Atlético a replantear su ritmo, a recuperar ese punto de intensidad que tanto había brillado por su ausencia en tramos de la primera mitad.
Nada más comenzar la segunda mitad, Johnny Cardoso rompió la resistencia belga con un zurdazo ajustado al palo que devolvió la ventaja colchonera y desequilibró la eliminatoria. A partir de ese momento, el Atlético contagió su juego, encontró fluidez y empezó a hacer daño de verdad con transiciones rápidas y combinación vertical. En ese contexto, Sorloth se convirtió en una pesadilla: primero, con un segundo tanto en el 76′ y cerrando la noche con un tercer gol en el 87′ que desató la locura en las gradas y certificó la clasificación.
El Metropolitano vivió un final de fiesta europeo, el equipo celebró con la grada y ahora mira con optimismo el sorteo de octavos, donde le esperan Tottenham o Liverpool. Si algo ha quedado claro es que, cuando Sorloth está enchufado, este Atleti tiene magia de sobra para ilusionar en Europa.