Este muerto está muy vivo (‘Esti muerto ta mui vivo’). Hacía 25 años que el Real Oviedo no visitaba Balaídos en Liga. La última vez, en 2001. Este domingo los carbayones volvían a Vigo. 0-3 y una goleada que en el marcador dice mucho, pero que en el contexto dice todo. Los de Almada llegaban al feudo olívico como colista, a ocho puntos de la salvación y con la necesidad de ganar que solo tienen los equipos que ya no pueden permitirse el lujo de calcular. El Celta llegaba aún dolorido por el 0-3 encajado ante el Friburgo el jueves en Europa League, con la cabeza en la remontada del próximo jueves y el cuerpo en un partido que Claudio Giráldez definió en la víspera como «importantísimo». El campo dijo otra cosa.
El partido se rompió a los cinco minutos y el Real Oviedo no lo soltó en toda la tarde. Ilyas Chaira centró desde la derecha, el Celta no despejó con contundencia, y Alberto Reina apareció como un cazador en el área pequeña para rematar con la zurda a la red. El 0-1 condicionó todo lo que vino después. El Celta intentó reaccionar y tuvo sus mejores momentos entre los minutos 10 y 15, cuando Antañón y Fer López dispusieron de una doble ocasión a bocajarro que Aarón Escandell resolvió con dos intervenciones de mérito encadenadas. Fue el único episodio en el que el Celta pareció tener el partido en sus manos. A partir de ahí, el balón fue celta pero la autoridad fue asturiana.
Entonces apareció Fede Viñas, y con él cambió la naturaleza del partido. Al filo del descanso, Chaira volvió a aparecer desde el flanco derecho con un centro medido, y el delantero uruguayo llegó con todo, ganándole la partida al central Aidoo en el duelo físico, y puso la bota izquierda donde solo él sabe: justo en el único ángulo que dejaba Radu. Era el 0-2, era el minuto 45 y era la imagen más perfecta de lo que Viñas lleva haciendo desde que Almada llegó al banquillo. En el 57, idéntico guion: falta botada por Thiago Fernández al área, Fede Viñas llegando a destiempo para el que no le marcaba y disparo en el área pequeña para el 0-3. Doblete para el tanque charrúa, octavo y noveno goles de la temporada para él, y los 3 puntos destino Vetusta. Radu evitó con una gran mano el 0-4 de Javi López poco antes, pero era solo anécdota. Giráldez metió a Aspas, a Borja Iglesias, a Jutglà. Nada. El Oviedo se replegó con orden y defendió el resultado con una madurez que no tenía hace dos meses.
El 0-3 final deja al Celta con la segunda derrota consecutiva por ese marcador en cuatro días, aparta a los vigueses de los puestos de Champions y abre preguntas serias sobre cómo llegará al partido del jueves ante el Friburgo. Para el Real Oviedo, la fotografía es opuesta: 27 puntos, tres victorias en las últimas cuatro jornadas, primera vez en toda la temporada que encadena dos triunfos consecutivos, y seis puntos de distancia con la salvación con siete jornadas (21 puntos) por disputar. La matemática no garantiza nada, pero la lógica futbolística ya permite creer, y eso para la sufrida y abnegada parroquia carbayona es un tesoro. Este es un equipo que en enero parecía sentenciado pero que lleva semanas ganando partidos con la intensidad de quien no tiene nada que perder y la claridad de quien sabe exactamente qué necesita, ese equipo no tiene pinta de muerto. Todo lo contrario.