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Foto: Imago

Espanyol

El Rayo cierra su exilio en Butarque con un triunfo balsámico ante el Espanyol

No se habían cumplido tres minutos de partido cuando Moscardo regaló uno de esos balones que nunca se pueden regalar en campo propio, y el Rayo Vallecano, fiel al mensaje que lleva semanas repitiendo desde que se instaló en su exilio leganense, no perdonó: Álvaro García aprovechó el rechace para inaugurar el marcador casi antes de que la grada de Butarque hubiera terminado de acomodarse en sus asientos. Fue el primer capítulo de una noche que terminó certificando algo más que tres puntos: probablemente el último partido disputado en este estadio prestado, y el Rayo se despidió de él sin conocer todavía la derrota.

El dato es tan simbólico como estadísticamente contundente: en su breve pero fructífera etapa como inquilino de Butarque, el conjunto de Beñat San José empató ante el Alavés, ganó al Racing de Santander, y este martes certificó su tercer resultado positivo consecutivo ante el Espanyol, sumando los siete puntos que atesora esta temporada en un único escenario. El «exilio» que muchos interpretaron como una losa se ha convertido, paradójicamente, en la mejor baza franjirroja de este arranque liguero.

El primer acto perteneció por completo a los locales. Apenas veintitrés minutos después del primer zarpazo, Adrià Pedrosa amplió la ventaja hasta el 2-0 con una asistencia de nuevo firmada por Álvaro García, certificando lo que Beñat San José definiría después como probablemente los mejores cuarenta y cinco minutos de su equipo en toda la temporada: dominio, protagonismo y una contundencia que dejó al Espanyol completamente descolocado. El conjunto catalán, que había salido dormido, lo pagó caro en el marcador antes incluso de llegar al descanso.

La segunda mitad, sin embargo, tuvo mucho más de sufrimiento vallecano. El Espanyol, impulsado por los cambios de Manolo González, recortó distancias apenas cinco minutos después de la reanudación gracias a Roberto Fernández, que dejó fuera de juego a la defensa local con una carrera al espacio letal, asistido por Javi Hernández. A partir de ahí, el Rayo se dedicó a resistir con oficio, transformando el buen fútbol de la primera mitad en lucha y compromiso puro, con Tsitaishvili buscando en dos ocasiones la escuadra sin fortuna y Sergio Camello estrellando un remate de volea en el larguero que hubiera sentenciado definitivamente el choque. El partido, además, tuvo su último sobresalto en el descuento, con la expulsión de Omar El Hilali por una mano deliberada en el minuto 97, cuando el resultado ya estaba prácticamente decidido.

Con este resultado, el Rayo Vallecano certifica su fuga definitiva de la zona de descenso, mientras el Espanyol, pese a la reacción, se queda a las puertas de una machada que hubiera premiado con justicia su mejor segunda mitad. Butarque, esa casa prestada que nunca debió ser hogar, se despide dejando un balance perfecto: el mejor regalo posible antes de que el equipo franjirrojo regrese, por fin, a su verdadero feudo de Vallecas.

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