Bordalás lo hizo. La sensación al término del choque fue de frustración para el madridismo y de euforia contenida para la expedición azulona. Desde el pitido inicial, el Real Madrid monopolizó la posesión y las intenciones, presionando con insistencia arriba e intentando imponer su ritmo de juego habitual. Sin embargo, esa posesión interminable se topó una y otra vez con la férrea estructura defensiva del Getafe, que, lejos de replegarse de manera pasiva, se mostró compacto, ordenado y con una ambición táctica digna de elogio. La pólvora merengue, demasiadas veces desactivada por la sólida línea de cinco de Bordalás, acabó siendo frustrante e improductiva en las zonas clave del campo.
El primer tiempo derivó en sorpresa cuando, en el minuto 39, Martín Satriano aprovechó una disputa ganada cerca del área y enganchó una volea potente que sorprendió a la defensa local y batió a Courtois. Ese tanto, conseguido con una claridad casi quirúrgica, fue suficiente para dar al Getafe una ventaja de oro al descanso y sembrar de dudas a un Real Madrid que parecía obligado a rehacerse desde el vestuario.
En la segunda mitad, la historia no cambió tanto como cabría esperar: el cuadro blanco continuó acumulando protagonismo sin acierto, generando llegadas pero sin soluciones claras frente a la portería rival. La entrada de cambios intentó aportar frescura y variantes, pero la resistencia azulona -con una defensa que dosificó bien sus esfuerzos y un portero acertado– desactivó las acciones más peligrosas del Madrid. Con el paso de los minutos la tensión subió, las imprecisiones aumentaron y el reloj se convirtió en el último aliado visitante.
Cuando el árbitro señaló el final, el 0-1 destacó tanto por su simplicidad como por su profunda trascendencia deportiva y psicológica. El Getafe no sólo se llevó tres puntos valiosos, sino que lo hizo en el estadio emblemático de su rival, rompiendo una larga racha sin victorias allí (18 años) y haciendo daño en la pelea por el liderato liguero. Para el Real Madrid, la derrota dejó más preguntas que certezas: dominio sin acierto, un rival bien planteado y una necesidad urgente de ajustar detalles si quiere seguir aspirando al título.