Las dinámicas en el fútbol pueden cambiar de una jornada a otra. Que se lo digan al Levante. Llegó al tramo final hablando desde la urgencia y, de repente, ha empezado a hacerlo desde la fe en un objetivo de permanencia. Y la siguen manteniendo a pesar de los golpes.
Después de verse 0-2 contra Osasuna y volver para ganar 3-2; después de caer dos veces en Balaídos ante el Celta y levantarse hasta el 2-3. Dos partidos, seis goles, dos remontadas y un guion que se acerca al de la épica.
Pero mantenerse en Primera no se logra solo con esa sensación y el grupo de Luis Castro lo sabe. Se gana encontrando respuestas cuando el partido te empuja al borde. En los dos últimos encuentros, el Levante ha promediado 476 pases con un 85,5% de acierto, pero sin renunciar a ser vertical: más de 50 envíos largos por partido y 28 centros. Sus resultados están evolucionando a los de equipo de competición europea, de posiciones altas de la clasificación. Y juntos aúnan esfuerzos para sentir que todavía no es demasiado tarde.
Arriaga recoge rechaces, muerde y aparece en la frontal. Dela empuja desde atrás como si cada metro ganado fuera media salvación. Brugué entra y cambia el partido en un córner, esa frontera donde tantas veces se decide la vida de los equipos. Y así podríamos seguir. El Levante no ha controlado todos los minutos, pero sí los más importantes.
Las claves pueden pasan por corregir los inicios, proteger mejor la frontal y sostener esa agresividad en segundas jugadas, centros y balón parado. El Levante necesita seguir creyendo, pero con cabeza fría. cada acción bien pueden valer una permanencia.
Quedan dos finales con un Levante con esperanza de vida activa: Mallorca en el Ciutat y Betis fuera. Por eso el mensaje no puede ser triunfalista. Nada está hecho. Pero tampoco puede ser tímido. Este Levante ha dejado de pedir permiso para creer. Ha sufrido, se ha equivocado, ha concedido pronto, sí. Pero ha encontrado goles, carácter y una afición dispuesta a empujar hasta el último balón. A veces salvarse empieza ahí. Cuando un equipo deja de mirar la tabla con miedo y juega con valentía.