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Foto: RC Deportivo

Elche

El Dépor volvió a Primera tras 3.000 días de ausencia

Ocho años. Ese es el tiempo que ha tardado Riazor en volver a alojar un partido de Primera División, y este lunes, con 28.278 almas puestas en pie desde el once inicial, el Deportivo certificó que el reencuentro merecía la espera, aunque el marcador final —un discreto pero justo 1-1 ante el Elche— dejara la sensación agridulce de una oportunidad no del todo aprovechada.

El partido arrancó con el guion invertido al que muchos esperaban: el Elche de Martín Anselmi, con la plantilla todavía en obras pero con ideas claras sobre el césped, tomó las riendas del balón desde el primer minuto y avisó pronto con un remate que Leo Román, providencial, sacó bajo palos en el minuto 10 para evitar el mazazo inicial. El coruñés respondió a la primera exigencia seria del partido con una intervención que ya apunta a convertirse en costumbre esta temporada.

El Dépor, paciente, esperó su momento y lo encontró con un golpe de calidad individual. En el 21′, un balón largo de Lorenzo Amatucci desde el centro del campo encontró a Pierre-Emerick Aubameyang, que resolvió con un control sensacional del pecho antes de cruzar con la zurda para batir a Dituro. El debut soñado para el gabonés, que celebró con voltereta incluida el primer gol de la nueva era blanquiazul en Primera, desató la fiesta en las gradas de Riazor. Con esa ventaja, el Deportivo llegó al descanso administrando con criterio, sin sufrir en exceso pese al mayor dominio inicial visitante.

La segunda mitad, sin embargo, trajo el jarro de agua fría. El Elche, con Marc Aguado ganando protagonismo por dentro, empezó a encontrar los espacios que le habían faltado en la primera media hora, y en el 76′ llegó el premio: un córner botado con precisión encontró la cabeza de Aguado, que remató de forma impecable para firmar un gol estéticamente perfecto y devolver la igualdad al marcador. El tanto coincidió, además, con el peor tramo físico de un Deportivo que empezó a acusar el desgaste del regreso a la máxima categoría, agravado por una expulsión que dejó a los locales con uno menos en los minutos finales.

El tramo final fue puro sufrimiento coruñés: gestión del resultado, piernas pesadas y un Elche que, pese a la superioridad numérica, no encontró el segundo zarpazo que le diera la machada en Riazor. El punto, al final, deja lecturas encontradas: satisfacción por la resistencia mostrada ante la adversidad y por el nivel exhibido por Aubameyang en su presentación, pero también la sensación de que, con el partido controlado hasta bien entrada la segunda mitad, el Dépor dejó escapar los tres puntos de su gran regreso.

Antonio Hidalgo afronta ya la próxima cita, en Málaga, con la certeza de que este Deportivo compite de tú a tú en Primera, aunque con deberes pendientes en la gestión de los minutos finales.


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