Balaídos llevaba semanas esperando esta noche. El Celta de Claudio Giráldez llegaba a los octavos de la Europa League con una racha de cuatro victorias en sus últimos cinco partidos y con la convicción de que en casa podía hacer daño a cualquiera. Enfrente, un Olympique de Lyon que viajaba a Vigo con la amenaza de Endrick, cedido por el Real Madrid, y el peso de Corentin Tolisso en el centro del campo. Durante la primera parte fue el cuadro vigués abogó por un repliegue ordenado, salidas rápidas en transición y una claridad en el contraataque que el Lyon, a pesar de su mayor posesión, no supo neutralizar.
El gol llegó precisamente de esa manera. En el minuto 25, Williot Swedberg arrancó con velocidad por la banda, midió bien el pase al área y encontró a Javi Rueda, que entró solo al segundo palo y remató con la derecha al centro de la portería sin que Dominik Greif pudiera hacer nada. Era el tanto que el partido pedía: generado desde la presión baja, ejecutado con la eficacia de quien espera el momento justo. El Lyon respondió con intensidad, Endrick amenazó en un par de ocasiones y Tolisso rozó el empate desde la derecha, pero Ionut Radu estuvo seguro y el Celta llegó al descanso con ventaja. Borja Iglesias también pudo hacer el segundo en un mano a mano con Greif, pero el portero austriaco despejó con solvencia. Ese momento podría haberlo cambiado todo.
La segunda parte reprodujo el guión que el Celta no quería. Paulo Fonseca ajustó a su equipo, el Lyon subió líneas y comenzó a dominar en campo contrario con continuidad. En el minuto 54, Borja Iglesias, que ya arrastraba una amarilla del primer tiempo, cometió un codazo sobre Clinton Mata y el árbitro belga Erik Lambrechts le mostró la segunda. Con uno menos, el Celta quedó obligado a defender durante más de treinta minutos ante un rival que empezó a manejar la pelota con más convicción. Endrick tuvo un disparo bien repelido por Radu, Yaremchuk cabeceó alto tras un centro del propio brasileño, y el asedio fue creciendo a medida que el marcador aguantaba. El Celta lo tenía todo para llevarse el partido con diez, pero la eliminatoria todavía no estaba cerrada.
El golpe llegó en el 87. Endrick recibió el balón fuera del área, se perfiló con la zurda y lanzó un disparo raso que Radu debería haber controlado mejor. El rumano, que había hecho un partido notable, se tragó el balón y el 1-1 quedó consumado. El tanto fue celebrado como si fuera una remontada porque, en términos de eliminatoria, casi lo era: el Lyon se marchaba de Balaídos con un empate que antes de ese disparo parecía imposible. Endrick, que antes de la cesión ya conocía el Celta por haberles marcado dos goles en once minutos como madridista, volvió a firmar en el marcador contra el mismo rival.
El 1-1 es un resultado que el Celta puede defender en el Groupama Stadium, pero las condiciones han cambiado respecto a lo que pudo ser. No es lo mismo llegar a Lyon con una victoria de casa que llegar empatados con diez en la mente, la imagen de la derrota de un punto que nunca llegó y la carga de tener que ganar en campo ajeno. El Celta mereció más. Lo construyó bien, lo ejecutó mejor durante casi setenta minutos, y lo perdió por una expulsión evitable y un error de portería en el minuto en que menos podía permitírselo.