Claudio estaba disfrutando de ese tiempo libre que todos ansiamos por no disponer de él. Para cocinar pasta carbonara, pintar un cuadro, leer un buen thriller o coger una maleta para subirse a un avión con destino paradisíaco. Apenas unas semanas más tarde de soplar 73 velas, sonó su teléfono. No llamaba cualquiera. Al otro lado, estaba la Roma.
El pasado mes de noviembre la situación era preocupante para los giallorossi, que se ubicaban duodécimos en la Serie A y en la vigésima posición de la tabla de la Europa League. ¿A quién se le ocurriría afrontar ese reto? Al bueno de Claudio que, tras las salidas de Daniele De Rossi e Ivan Juric, se convirtió en el tercer entrenador del presente curso. Volver a casa. Fútbol y amor; dos cosas que se explican mejor juntas que por separado. Un unico grande amore al que no podía abandonar.
En su tercera etapa en el club romanista, Claudio está dando un giro a la situación. De rezar dos padres nuestros para evitar la pelea de la salvación a poner la mirada en posiciones europeas. Lo tiene entre ceja y ceja. Mientras los de arriba se despistan con una mosca, la Roma suma una racha de once partidos invicta en la liga italiana. La loba ha salido del escondite porque vuelve a tener hambre.
Anoche, en la Europa League, venció al Athletic de Ernesto Valverde; uno de los equipos que mejor estado de forma está mostrando en LaLiga. La Roma remontó llevándose la victoria en el último suspiro. El abuelo sigue dibujando líneas en esa pizarra en la que tanto le gusta jugar. Carisma, experiencia, corazón.
Que a la Roma le vayan bien las cosas con Ranieri es vivir en un mundo más justo. Él sabe salir del infierno para subir hasta el cielo. Allí donde volvió, entró de nuevo por la puerta grande. Firmo dos ascensos consecutivos, en Valencia se volvió a ganar un título tras más de 20 años y nos regaló uno de los milagros más disparatados que se recordarán en el fútbol; la Premier League del Leicester City. Antes de decidir ponerse el batín y las zapatillas, salvó al Cagliari de descender. Ahora su Roma escala para volver a tener mejores vistas de la ciudad. Las historias de Claudio van directas al corazón. Esta no puede ser menos.