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Fútbol Internacional

Arruinado por una firma

Es noviembre del año 2007 y la prestigiosa revista World Soccer saca su número de fin de año en cuya portada comparecen los 50 mejores jugadores juveniles del mundo. En ella destacan nombres hoy reconocidos como el de Alexandre Pato, el tercero de esa clasificación. También otros como Bale (6º), Agüero (7º), Di María (11º), Benzema (15º) o Kroos (27º). Pero todas las miradas se centran en el nombre que lidera la clasificación, el de un chico de Ghana que hoy, a la mayoría, no le sonará de nada, pero que durante unos meses hizo pelearse por su firma a los más grandes equipos del mundo: Sadick Adams.

Unos meses antes, en el verano de 2007, España se presentó en el Mundial Sub17 con una nómina de jugadores que hacía temblar los esquemas. Si bien aún no se tenía consciencia de lo que iba a pasar meses después, con la consecución de dos Eurocopas absolutas y del Mundial de manera consecutiva, la constelación de estrellas juveniles que se iban a dar cita en el torneo, celebrado en Corea del Sur, elevaron las expectativas del aficionado español al máximo. Encabezados por Bojan, un chico de entonces 16 años que solo unas semanas después haría su debut como profesional, la selección de Juan Santisteban venía de ganar la Eurocopa y contaba con un elenco de futbolistas que prometía muchísimo: De Gea, Fran Mérida, Falqué, Ignacio Camacho, Nacho Fernández, Illarramendi o Dani Aquino. La realidad, en cambio, es que un nombre propio había eclipsado el torneo. El mismo que luego figuraría en aquella World Soccer: Sadick Adams.

Las selecciones africanas tienen una relación especial con este torneo. Quizás beneficiados por el hecho de que sus jóvenes se desarrollan con mayor precocidad, la realidad es que se han celebrado 19 Copas del Mundo Sub17 y los combinados africanos han conquistado siete. Nigeria, con cinco entorchados, está en la cima e, incluso, ha sido tres veces subcampeona. Tras Nigeria aparece Brasil e, inmediatamente después, Ghana suma dos títulos, ha sido dos veces subcampeona y en otras tres ocasiones ha jugado el partido de consolación para colarse en el podio. Y en esas, pese a su dominio, es complicado hacer una documentación previa de cuales son aquellos talentos por conocer más allá de la Copa África de la categoría que se celebra meses antes.

Uno de esos jugadores que levantó pasiones fue Sadick Adams, el ‘9’ de Ghana, cuyo nombre apareció en las libretas de todos los ojeadores de equipos europeos que se dieron cita en el torneo. Adams, de quien los expertos en el fútbol del continente africano hablaban maravillas, centró todas las miradas después de marcar en sus dos primeros partidos. Uno fue ante Trinidad y Tobago y otro ante una Alemania que capitaneaba Toni Kroos.

La facilidad con la que Adams caía a banda, explotaba su velocidad y definía ante los rivales le dejaron señalado como el jugador peligroso del torneo. Ghana siguió derrotando rivales, pasando rondas y, tras dejar a Brasil en la cuneta, se animó a lo mismo con Perú para plantarse en las semifinales del torneo. Ante los últimos, además, Adams había marcado el único gol del partido. Si bien su compañero en la delantera Ransford Osei estaba metiendo más goles (acabaría como segundo máximo goleador de la cita) la realidad es que todo el mundo sabía que el diferente era Adams.

Ghana, pese a otro tanto de Adams, cayó en semifinales ante España en la prórroga y la amarilla que vio el delantero africano le privó de jugar el duelo por el tercer puesto, motivo que seguramente le costó su caída en la lucha por el Balón de Oro del torneo. En esas, desde España se informó que el Atlético de Madrid estaba interesado en el chico y el rumor se hizo cierto cuando el club rojiblanco anunciaba que había llegado a un acuerdo por el futbolista, que no tenía entonces contrato profesional después de haber terminado su vinculación con un equipo de la Primera División de Ghana, y que se uniría al club en enero, al cumplir los 18 años, para no violar la normativa FIFA con respecto a los traspasos de jugadores menores de edad.

Pasó el tiempo, Adams cumplió los 18 años, acababa de firmar por uno de los mejores clubes de una liga importante como la española y ya solo había que esperar que el tiempo hiciera su trabajo y el chico tirase la puerta abajo. Pero no iba a ser tan fácil. Con la temporada empezada cuando él llegó, se tuvo que quedar seis meses sin ficha porque el club rojiblanco no podía inscribirle y, una vez pudo hacerlo, en la 2008-2009, se topó con un Atleti B plagado de talento en el que sobresalían los De Gea, Koke, Domínguez o Rubén Pérez y en el que tuvo que pelear un puesto de titular con Rubén Ramos, un delantero que tenía muy buena pinta y que luego acabaría en el Castilla, donde las lesiones le impedirían dar el salto.

Adams alternó el banquillo con la titularidad (jugó 22 duelos, nueve de ellos desde el inicio) y marcó dos goles en 2ª B. Se perdió varias semanas de competición a principio de curso por estar con las inferiores de Ghana. Su impacto fue de menos a más. Solía entrenar a menudo con el primer equipo e, incluso, Javier Aguirre decidió llevárselo a un partido de Copa del Rey contra el Orihuela, pero no llegaría a debutar. A la sombra de Agüero y Forlán, Adams lo tenía difícil, pero los pasos que estaba dando eran correctos y cada vez, desde el seno rojiblanco, se hablaba de una mejor adaptación de un chico que no dejaba de tener aún los 18 años.

Todo cambió cuando, en mayo de 2009, la FIFA informó al Atlético que el jugador iba a ser suspendido por duplicidad de contrato. Ahí se acabó la carrera de Sadick Adams al máximo nivel, si es que en algún momento había llegado a empezar. Y es que resulta que Adams, antes de firmar por el Atlético, había firmado por otro club. “Me dijeron que, al ser menor de edad, el contrato que había firmado no tenía ningún valor. Entonces yo entendí que no pasaba nada y que seguía siendo libre”. Lo que no sabía el delantero era que su padre sí había dado validez a aquello.

Y es que, mientras Sadick Adams se marchaba con Ghana a jugar aquella Copa del Mundo Sub17, su padre había viajado a Túnez para corroborar la firma de su hijo con el Etoile Sportive du Sahel de la primera división tunecina. Para acelerarlo todo, los tunecinos le ofrecían al padre 25.000 euros por la firma del muchacho y el progenitor no esperaba que su hijo tuviera tanto talento ni tantos equipos detrás. Como resultado, papá Adams había visto dinero fácil, lo había cogido sin preguntar y nunca había avisado a su hijo de la existencia de aquella firma. Sadick Adams firmó con el Atlético de Madrid en calidad de jugador libre porque, la realidad, es que no tenía ni la más mínima idea de que su padre había dado validez a su garabato y, en esos meses entre el Mundial y su llegada a Madrid padre e hijo ni se habían visto cara a cara.

Como resultado, aparte de los cuatro meses de suspensión, FIFA obligó al jugador a pagarle una compensación económica al club tunecino del doble (50.000 euros) para “educarlo en la importancia de respetar las obligaciones contractuales”, según rezaba la sentencia.

Con esa losa encima, Adams, que había terminado la temporada como titular y en clara progresión, no podría tampoco hacer pretemporada con el club (se le prohibió ejercitarse con sus compañeros también) pero la realidad es que, tras la sanción FIFA, su vínculo con el Atleti quedó en el dique seco y él fue totalmente libre para decidir su nuevo lugar. Sorprendentemente, se marchó a jugar en la Vojvodina, de la Primera División de Serbia.

El motivo estaba claro. El entonces seleccionador de Ghana era el serbio Milovan Rajevac, que solo un par de años antes había ejercido en la propia Vojvodina. Rajevac estaba encantado con lo que veía de Adams en las categorías inferiores y había recomendado a su ex club el fichaje del chico, con intención de que una buena temporada acabara con él en la lista del Mundial de Sudáfrica en 2010. El guion estaba claro.

Además, podía ser un equipo atractivo, pues peleaban por estar entre los tres grandes del país y esos años habían llegado a jugar Copa de la UEFA, pero para cuando Adams pudo retornar tras su sanción, en diciembre, el equipo no iba nada bien. El africano nunca se adaptó y apenas jugó. Encima, en la delantera de aquel equipo jugaban un tal Dusan Tadic, que no necesita presentación, y Dragan Mrdja, que aquel curso acabaría como máximo goleador de la Liga con 22 goles.

“Me fui a Serbia porque necesitaba jugar. Después del Mundial, ya había estado un año entero sin jugar por el traspaso al ser menor y la imposibilidad de que me inscribieran, pero resulta que entre la sanción y la adaptación me iba a pasar otro año sin jugar. En la Vojvodina me prometieron ser titular y tener minutos y por eso me fui allí, pero la realidad es que no tuve tiempo de poder jugar y demostrar nada”, afirmó el jugador, sabedor de que, con 20 años, haber estado dos enteros en la grada le habían cortado las alas.

Pese a que había firmado por tres temporadas, la falta de minutos y las promesas incumplidas le hicieron querer salir y volver a África. Llegó a un acuerdo para romper su vinculación en Serbia. Entonces, decidió tomar la más insólita de las direcciones: firmó por el Etoile du Sahel, el mismo equipo que había propiciado su sanción y el inicio de su caída a los infiernos.

Adams aún tenía 20 años. Buscaba redimirse. Soñaba jugar con la absoluta de Ghana. Ya había ido con la Sub21 pese a tener 17 años el día de su debut y había repetido con ellos estando en el filial colchonero. En cambio, su carrera fue un continuo quiero y no puedo y un carrusel de transiciones por equipos de Asia y África. Nunca ha estado más de dos años en un mismo conjunto.

Consiguió, eso sí, jugar con Ghana Sub23. Lo hizo en 2011, nada más salir de la Vojvodina. Desde entonces, nadie creía que aquel muchacho que había terminado como una promesa rota llegara a jugar con la absoluta. Pero él seguía teniendo fe e ilusión y, en 2017, al borde de cumplir los 30, fue convocado para una ventana clasificatoria para la Copa África de 2018. Sadick Adams no solo debutó, sino que marcó un gol ante Burkina Faso y pudo cerrar así el sueño de su vida. Sadick Adams colgó las botas en 2023, con 33 años y después de un año sin equipo.

Nunca llegó a lo que prometía. Nunca se sabrá si, con los pasos correctos, Adams hubiese podido seguir la estela de arietes de su continente como Drogba o Eto’o. “Mi problema es que no tenía agente. Tenía 17 años y no sabía nada. No entendía cómo funcionaban las cosas. Nadie me asesoró. De hecho, los que quisieron aconsejarme, lo hicieron mal y yo pagué por mi desconocimiento. Hice las cosas mal y eso condenó mi carrera en Europa”.

Periodista | Profesor | Deporte en general y fútbol en particular | 📚Escribí 'Atleti, historia de un despertar' | A veces hago hilos 🧵

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