El FC Barcelona tuvo que insistir, madurar y, sobre todo, creer. Después del inesperado 0-0 de la ida, la vuelta de semifinales ante el Levante Badalona se convirtió en un ejercicio de paciencia que acabó resolviéndose con contundencia (4-1) en el Johan Cruyff. El resultado final refleja superioridad, pero el camino hasta él exigió más de lo previsto.
Durante gran parte del primer tiempo, el partido transitó por el terreno que más incomodaba al Barça: dominio sin premio. El Badalona, ordenado y valiente, volvió a resistir con firmeza y llegó a sostener el empate hasta el filo del descanso. Fue entonces cuando apareció Alexia Putellas, que en el minuto 44 rompió la eliminatoria con un gol que liberó tensión acumulada y cambió definitivamente el guion.
El paso por vestuarios confirmó la sensación de que el Barça ya había encontrado la grieta. En apenas unos minutos tras la reanudación, el equipo azulgrana aceleró y sentenció: Alexia Putellas, desde el punto de penalti en el 61’, amplió la ventaja; y poco después Kika Nazareth castigó otro desajuste para colocar el 3-0 que ya dejaba la eliminatoria vista para sentencia.
El Badalona, lejos de rendirse, encontró su momento con el gol de Lice Chamorro en el minuto 79, un tanto que premió su valentía y recordó por un instante la exigencia del cruce. Pero cualquier atisbo de incertidumbre se diluyó rápido: Ewa Pajor, en el tramo final, cerró el partido con el 4-1 definitivo tras una acción de calidad.
El Barça estará, una vez más, en la final. No fue su noche más brillante, pero sí una de esas que definen equipos dominadores: saber insistir hasta encontrar el momento exacto. La resistencia del Badalona obligó a las azulgranas a competir de verdad, y cuando lo hicieron, la eliminatoria dejó de ser una incógnita. En este equipo, cuando aparece Alexia, las dudas se convierten en certezas.