El Théâtre du Châtelet de París aplaudió en pie este lunes a Aitana Bonmatí, que volvió a escribir historia al conquistar su tercer Balón de Oro consecutivo. Ninguna futbolista española había logrado tanto. Ninguna jugadora había mantenido semejante dominio en tan poco tiempo. A sus 26 años, la catalana se ha convertido en la voz y el rostro de un deporte que ya no entiende de límites.
La centrocampista del FC Barcelona repite en lo más alto del podio tras superar a Mariona Caldentey y a la inglesa Alessia Russo. Su temporada lo explica todo: títulos nacionales, un papel decisivo en la Eurocopa y en la Champions —donde fue nombrada MVP pese a la derrota— y, sobre todo, una influencia en el juego que va más allá de la estadística. En cada partido, Aitana organiza, manda, interpreta y eleva al colectivo.
Cuando Andrés Iniesta, uno de sus grandes referentes, le entregó el trofeo, la emoción se hizo visible. “Todavía me impresiona este teatro”, confesó la catalana al comenzar su discurso, antes de agradecer a su familia, a su club y a sus compañeras. Bonmatí también celebró que, por primera vez, el Balón de Oro femenino tuviera la misma relevancia que el masculino: “Es algo que llevamos tiempo pidiendo y que se agradece. La igualdad tiene que seguir avanzando”. Con un tono cercano, recordó que los logros individuales son siempre fruto del colectivo: “Si pudiera, repartiría el premio con todas”.
Su nombre ya se inscribe junto al de leyendas como Platini, Cruyff o Van Basten, que también lograron tres Balones de Oro. Pero lo suyo tiene un matiz especial: los tres llegaron de forma consecutiva, un reto que en la historia solo habían conseguido Michel Platini y Lionel Messi. Bonmatí no es solo la mejor futbolista del mundo, es también un símbolo de constancia y ambición.
En París se vivió una noche mágica, pero el centro de todo fue ella. Aitana Bonmatí, que hace unos años jugaba en campos donde apenas había focos, es hoy la reina indiscutible del fútbol. Y lo más impactante es que todavía parece tener mucho más por dar.