El Valencia Basket respondió a la perfección al golpe recibido en el primer partido de la final. Después de dejar escapar una victoria que parecía tener en la mano en la prórroga del estreno, el conjunto de Pedro Martínez firmó una exhibición colectiva para vencer al Barça por 102-75 e igualar la serie antes de su traslado al Palau Blaugrana. El marcador final reflejó la superioridad de un equipo que jugó con una intensidad muy superior a la de su rival y que encontró soluciones en ambos lados de la pista durante los cuarenta minutos.
La declaración de intenciones llegó desde el salto inicial. Valencia dejó al Barça más de cinco minutos sin anotar y construyó un demoledor parcial de 11-0 que marcó el tono del encuentro. La defensa taronja desactivó las principales vías ofensivas del conjunto azulgrana y permitió a los locales correr, compartir el balón y jugar con una confianza que contagió a un Roig Arena entregado. El primer cuarto concluyó con un contundente 26-11 que obligó al Barça a remar contracorriente desde muy pronto.
Los visitantes encontraron algo de oxígeno en el segundo periodo gracias a Nicolás Laprovittola, el único capaz de sostener ofensivamente a los de Xavi Pascual durante muchos minutos. El argentino lideró la reacción azulgrana y permitió que el Barça llegara al descanso todavía con opciones. Sin embargo, cualquier sensación de partido abierto desapareció tras el paso por los vestuarios. Valencia regresó a la pista con una marcha más y destrozó el encuentro con un parcial demoledor que disparó la diferencia por encima de los veinte puntos.
Jean Montero volvió a ejercer de líder con 19 puntos y seis asistencias, bien secundado por Braxton Key (15), en una actuación coral que tuvo continuidad en toda la rotación taronja. El Barça, por el contrario, nunca encontró respuestas. Su desacierto exterior —apenas un 19% en triples— y la desconexión de jugadores llamados a marcar diferencias, como Kevin Punter o Will Clyburn, facilitaron el trabajo de un Valencia que dominó también el rebote y la batalla física. La expulsión por técnica descalificante de Punter en el tramo final simbolizó la frustración de un equipo completamente superado.
Más allá del empate en la eliminatoria (1-1), la victoria deja un mensaje para el resto de la final. El Valencia no solo recuperó el factor emocional tras la dolorosa derrota del primer encuentro, sino que demostró que tiene recursos para imponer su baloncesto ante uno de los rivales más exigentes de la competición. El Barça sigue teniendo ahora la ventaja de jugar en casa, pero el segundo asalto dejó una sensación inequívoca: la final está mucho más abierta de lo que parecía hace apenas unos días.