La repesca intercontinental cerró su telón con dos historias paralelas unidas por el mismo hilo: el peso del tiempo. RD del Congo e Irak estarán en el Mundial firmando sus esperados regresos.
En Guadalajara, el duelo entre la República Democrática del Congo y Jamaica fue un ejercicio de desgaste. Los africanos llevaron el peso del partido, acumularon ocasiones, pero chocaron una y otra vez contra la resistencia caribeña y las intervenciones de su portero. El encuentro se fue apagando en los 90 minutos, castigado también por el calor y el cansancio, hasta encontrar su desenlace en la prórroga. Allí, en el minuto 100, apareció Axel Tuanzebe para empujar un balón en el área tras un córner y romper definitivamente el equilibrio. Fue el único gol, pero también el resumen perfecto: insistir hasta que el partido cede.
Muy distinto en la forma, pero similar en el fondo, fue lo que ocurrió en Monterrey entre Irak y Bolivia. Allí el partido sí tuvo más ritmo, más intercambio, más sensación de ida y vuelta. Las estadísticas cayeron del lado boliviano, pero el último billete al torneo no acabó en sus manos. Irak golpeó primero con un tanto de Ali Al-Hamadi pero Bolivia, que no dejó de empujar, puso el marcador en tablas en el 38′ con un gol de Moisés Paniagua. En el segundo acto, Irak devolvió el golpe cuando el tanto de Aymen Hussein puso la situación a su favor. El 2-1 final reflejó ese equilibrio inestable: los sudamericanos compitieron, pero los asiáticos fueron más precisos en las áreas cuando el partido exigía claridad.
Para los africanos, supone regresar a un Mundial más de medio siglo después; desde su participación como Zaire en 1974. Para Irak, romper una ausencia de 40 años. La repesca, al final, no distingue estilos ni trayectorias: mide carácter. Y en esa medida, en ese equilibrio frágil entre el miedo y la ambición, la RD del Congo e Irak encontraron algo más que una victoria. Encontraron su regreso.