Lo que comenzó como un regreso tras 22 años lejos de la élite, se ha convertido en una afirmación: el Como se ha instalado con confianza en la Serie A. Ya no es la tierna historia del recién ascendido, sino una realidad futbolística que Italia mira con admiración, y con cierta inquietud. Su victoria ante el Hellas Verona prolonga una racha de siete jornadas sin perder y confirma la ambición de este proyecto.
A orillas del Lago de Como se moldea un proyecto que defiende como dicta la tradición italiana y ataca con la intención que representa Fàbregas.
El técnico español ha logrado una mezcla que funciona. La disciplina defensiva tan arraigada en el calcio y una ambición con balón que bebe de su cultura futbolística española. El Como defiende junto, corrige con agresividad y recupera muy arriba, como los grandes equipos que han marcado época en este país. Pero también quiere mandar, progresar y jugar siempre hacia adelante, incluso a costa de asumir riesgos que otros no aceptarían.
Esa valentía tiene reflejo en los datos: es uno de los conjuntos que más presiona en campo rival, que más recupera cerca del área contraria y que más progresa con balón para finalizar. Ese equilibrio entre sufrimiento y atrevimiento explica cómo un equipo recién ascendido puede dominar tramos completos de partido y superar física y mentalmente a rivales con mayor experiencia en la categoría.
Detrás de la pizarra hay una estructura sólida. Los hermanos Hartono, segundos mayores inversores de Italia este verano, sostienen un proyecto que crece a ritmo de grande. Pero todo ese músculo tendría menos sentido sin la figura de Fàbregas, que ejerce de entrenador, accionista, líder y argumento de seducción para los fichajes que han elevado el nivel competitivo del club.
El Como ha pasado de defender su permanencia a disputar posiciones europeas con una naturalidad que sorprende. Se comporta como un equipo con historia, pese a que su último paso por Serie A quedaba archivado en la nostalgia. Hoy, el Giuseppe Sinigaglia es un estadio puede dejar atrás el suspiro por tiempos mejores, y ya sueña con los que vienen.